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Todos podemos construir la paz

La paz viene de Dios, porque es orden, es justicia, armonía, es amor y el Señor es la fuente, por eso Jesús la da a sus discípulos (Jn 20,19). Cuando el mundo ha tomado la decisión de excluir a Dios de su vida y su quehacer es cuando se ha desatado la guerra, los odios y la violencia, es cuando el her­mano se ha levantado contra su hermano y se han creado las grandes divisiones y discordias.

Es lamentable que, aún con los sufrimientos que está dejando la pandemia en todo el mundo, la violencia y el desorden siguen haciendo estragos en la sociedad y en muchas familias. Todos queremos que se acabe la violencia, que ya no ha­ya muertes, que se acaben los robos y las agresio­nes, que haya una paz como la delos sepulcros, pero sin pasar por el orden, la justicia, la armonía y el amor. Para muchos hermanos el hecho de per­manecer en casa puede ser que les cause malestar emocional, sin embargo, tenemos la capacidad de convertir esta situación difícil en verdadera opor­tunidad de crecimiento personal y familiar.

La paz verdadera se comienza a hacer una rea­lidad cuando cada persona se decide, le abre su corazón a Dios, pone orden en su vida personal, renuncia a situaciones y actitudes que oscurecen su vida, es capaz de pedir y de dar el perdón y se dispone al amor verdadero. En este momento to­dos tenemos la oportunidad de convertirnos en constructores de la paz desde el seno de nuestras familias. Podemos orar a Dios y hacer un acto de arrepentimiento sincero de nuestros pecados pe­ro también es posible luchar para evitar los gritos, los insultos y malos tratos, el perdón entre los es­posos y hermanos.

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