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José «N» como siempre empezó a insultarla, y no tardó en abalanzarse sobre ella y propinarle severos golpes.

Seguridad

Tiró la sopa hirviente a su compañera

Le provocó heridas de segundo grado a su cónyuge, todo porque estaba de malas; quedó detenido.

HUIXTLA, Chiapas.- Los paramédicos ayudaron a bajar a la señora y conducirla a la sala de emergencia del Hospital Regional de Huixtla. Su rostro era un gesto de dolor intenso. Si por ella hubiera sido habría gritado en la recepción, donde esperaban ser atendidos otros pacientes.

La trabajadora de servicio social tomó sus datos mientras una doctora miraba con la barbilla levantada las zonas heridas.

Sobre las mejillas se alzaban amplios pellejos de la piel, como si se estuvieran descascarando. Debajo de las enormes peladas palpitaba una grasa sanguinolenta.

«Tiene usted quemaduras de segundo grado», confirmó la profesional de la salud.

La «señito» se tragó la saliva cuando la trabajadora de la salud preguntó cómo se había hecho aquellas heridas. Un nudo en la garganta le comió la voz, tuvo que carraspear antes de contar la triste historia.

LA MALTRATABA CONTINUAMENTE

Cada que José «N» se enojaba, y esto ocurría a cualquier hora y por cualquier cosa, arrojaba toda su furia contra su compañera.

No es que el anciano no hubiera sido agresivo antes, pero conforme envejecía, su carácter se iba agriando más. Ya no eran suficientes las palabras soeces y despectivas, su alma envenenada lo llevaba a propinarle a su compañera empujones y zarandeos.

No tardaron en llegar los golpes en la cara y otras partes del cuerpo, que obligaron a la víctima a quedarse encerrada por días en su modesta casa para no mostrar los moretones.

La mujer siempre se había preguntado hasta dónde aguantaría aquel maltrato injusto, y la respuesta le llegó el lunes 25 de enero de este año.

PROVOCA HERIDAS DE SEGUNDO GRADO

José «N» como siempre empezó a insultarla, y no tardó en avalanzarse sobre ella y propinarle severos golpes en la espalda, el abdomen y la cara.

Esta vez, como pudo, se zafó de su agresor, y llorando le dijo que ya era suficiente, que nunca jamás la golpearía.

El energúmeno al verse desafiado y con la cólera hasta la mollera vio el caldo de pollo en la estufa, borboteando. Sin pensarlo dos veces, de dos grandes zancadas, se plantó en el hornillo y con sus manos asió la olla. De su fondo salía un vapor que quemaba.

La compañera de José, que pensó había visto todo del mal comportamiento de él, se quedó estupefacta al ver el nivel de maldad de quien decía ser su compañero. Se había quedado corta.

Salió huyendo de la casa, pidiendo auxilio, aunque ya en la calle se dio cuenta por el ardor en la cara, los brazos y el cuello, que el caldo hirviendo la había alcanzado.

DETENIDO POR VIOLENCIA FAMILIAR

Policías de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de Huixtla se estacionan frente al humilde hogar de don José.

Lo hallan durmiendo. «¿Y ahora qué?», dice desconcertado mientras se despabila. Cuando tiró el caldo a su compañera se tiró a dormir en el catre, pensando que ésta no lo denunciaría.

Otro policía le extiende las esposas, y ahora comprende, cae en la cuenta de que su compañera lo ha denunciado. Así como está, con una playera gris, lo suben a la patrulla. Frente al agente del Ministerio Público, escucha el delito por el que se le acusa: violencia intrafamiliar. Horas más tarde, sentado en la celda y con hambre, desearía no haber tirado el caldo de pollo contra su compañera.

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