web analytics
Grupo Canton
Al momento
Director Miguel Cantón Zetina
BRANDON HERNÁNDEZ PALMA

Tiene 22 años y el Covid lo mantuvo dos semanas en cama

“Me empezó a doler la garganta, el estómago; tuve diarrea y calenturas de hasta 43 grados, a cualquier hora, sobre todo en la madrugada”.

CANCÚN.- Brandon Hernández Palma tiene apenas 22 años, es comerciante, se dedica a vender ropa en un tianguis; hace dos se­manas que ya le dieron de alta por padecer Covid-19.

Se siente bendecido y alega que sin dudas ese virus le cambió la vida.

Afirma que fueron dos sema­nas que la pasó muy mal, pues tuvo una tos que le desgarraba la garganta, e incluso llegó a escupir sangre.

 

— ¿Cómo empezaste a reconocer que tenías síntomas de Covid-19?

Por el cansancio, no me dolieron los huesos, pero me sentía hosti­gado, no percibía los olores y pa­sado cuatro días perdí también el sabor de las cosas que comía.

Posteriormente comenzaron a salir más síntomas; agitación, me quedaba ido por estas cosas que me estaban sucediendo, por lo que decidí ir por atención médica.

 

—¿Qué te dijeron los médicos?

Me indicaron que era un probable caso de Covid-19; me hicieron la prueba rápida y al día siguiente, pasadas tres horas me detectaron que era positivo al virus.

Entonces me dieron los medi­camentos, entre ellos 15 inyeccio­nes para la infección pulmonar y 15 inyecciones para la garganta.

Me las tenía que poner dia­rio, una en la noche y una en el día; por cierto muy caras, no me imaginé que costaran tanto al grado de que ahora estoy en­deudado.

 

—¿Cómo avanzó la enfermedad?

Fueron dos semanas que lo pasé muy mal, se empezó a extender el contagio y me empezó a doler la garganta, el estómago; tuve dia­rrea y calenturas de hasta 43 gra­dos, a cualquier hora, sobre todo en la madrugada.

Mi esposa tuvo que estar al pie de mi cama durante tres noches seguidas, para bajarme la fiebre, por supuesto con todas las me­didas de prevención, pero yo no podía solo porque cuando se me disparaba alucinaba.

 

—¿Ella no llegó a contagiarse?

Tuvo algo leve, pero no le dio tan fuerte y a mi bebé de un año y ocho meses también, porque se sintieron mal unos días.

Pasaron el proceso junto conmigo, pero a ellos no les dio tan fuerte, solo con cuatro días, gracias a Dios.

 

—¿Qué tomabas alternado con las medicinas?

Tomaba té de limón, me aliviaba bastante lo caliente, y otro que circulaba en redes sociales que contenía cebolla, ajo, jengibre, miel y limón.

Además de un cuarto de as­pirina con limón, todo basado en mucho limón y un remedio con la penca de maguey, con limón y miel.

 

—¿Podías comer en esos días?

No, mi cuerpo no me pedía alimentos por alrededor de cuatro días, porque todo me hacía ir al baño y poco a poco comenzó a recibir comida y pasado los ocho días se adaptó de nuevo a la normalidad.

Pero esta vez cambié mis hábitos alimenticios; mucha fruta, verduras, caldo de galli­na, mucha agua y sueros.

 

—¿Cuándo fue que te empezaste a sentir mejor?

Pasado ocho días fue que me sentí algo mejor y pude levantarme de la cama, porque anteriormente lo intentaba y a los cinco minutos tenía que volverme a acostarme y por la tos me ponía de lado para respirar mejor.

 

—¿No llegaste a requerir oxí­geno?

Para poder controlar la ansiedad de respirar me calmaba y me to­maba unos segundos de ejercicios para respirar despacito.

Pero a veces la tos me ganaba y me sentía que me desagarraba la garganta y en ocasiones hasta escupía sangre.

Había momentos que me de- sesperaba y en una ocasión como que me desmayé y sentí que me iba a ir; mis esposa hasta se espan­tó ya que por unos segundos ni me movía.

 

—¿Cuándo te volvió a ver el médi­co?

Pasado ocho días, y ya necesitaba ponerme bien porque vivo de mi pequeño negocio de ropa y nece­sitaba ir al tianguis, pero me di­jeron que tenía que estar 10 días más sin salir.

 

—¿Te dejó secuelas la enferme­dad?

Sí, hay momentos que de repen­te, cuando platico con alguien, me falta el aire, aunque luego vuelvo a encarrilarme; me que­do pensativo, las letras chicas ya no las veo.

 

—¿Ahora que ya lo superaste, cómo te ve la gente?

Algunas bien, pero otras me mi­ran con mala cara y creen que los puedo contagiar a pesar que ya me dieron de alta.

Incluso los que trabajan con­migo regaron que tenían Co­vid-19, personas malas que levan­tan falsedades.

La gente que hace esas cosas les pido que respeten la integri­dad de los que pasan este virus y viven, porque pueden causarle a uno daño psicológico y hasta físi­co. Uno no sabe si vecinos o des­conocidos nos agreden, sin nece­sidad.