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(Foto: Especial)

Termina angustia de madre: su hijo aparece… muerto

Ángel, de 15 años, tenía más de 10 días de desaparecido. Con un amigo, Johan, de 19 años, contactaron a un diler. Luego no se supo más de él.

COATZACOALCOS, Veracruz. El domingo 17 de septiembre que Ángel desapareció, mandó varios mensajes alarmantes de What­sApp a sus amigos. Andaba por el malecón, lejos de su familia –su madre, su abuelo y su hermana–, lejos de su casa –en la colonia Be­nito Juárez Norte.

Su voz parecía preocupada y ponía sobre aviso a un amigo suyo: «Wey, si me pasa algo culpen a Eduardo Bautista, que lo conocen como Johan, tú diles a Carolina y a Mafer, tú diles a Carolina y a Mafer, pero si me llega a pasar algo; yo te avisaré que estoy bien y así, va».

No hubo más comunicación por parte del muchacho de 15 años, estudiante del tercer semestre de química, en el Conalep. Se sabe por otros mensajes anteriores envia­dos a otros amigos, que en malecón esperaría a Johan, y de ahí se irían al fraccionamiento Santa Isabel a consumir cristal –una droga muy de moda en el ambiente gay.

Como no hubo más mensajes de Ángel, sus amigos se fueron a dormir, pensado que éste regre­saría a su casa en la madrugada. El lunes se despertaron con la noticia de que el muchacho esta­ba reportado como desaparecido.

Los que sabían que había es­tado con el tal Johan, le enviaron mensajes para preguntar qué había pasado con Ángel y pedirle la dirección exacta del fracciona­miento Santa Isabel donde ha­bían pasado la víspera. Johan dijo que Ángel ya no estaba con él, que lo había dejado en aquella casa, lo último que supo es que alguien de allí lo había enviado a comprar cervezas y ya no regresó. Horas más tarde, Johan, de 19 años, también desaparecería.

 

MARCHAN PARA QUE APAREZCA

Una docena de personas, vestidas de blanco y con globos en la ma­no, marcha por la avenida Zara­goza hacia el parque central.

Se cumplen 10 días sin que haya noticias del paradero del joven bachiller. Encabezan la manifestación cuatro jovencitas, amigas de Ángel, que llevan una lona con la fotografía estampada del muchacho, y sus señas y datos particulares.

Atrás vienen personas de la tercera edad, madres con sus hi­jos y otros jóvenes solos. Sobre el cielo gris de ese miércoles 7 de octubre corean una consigna que se ha vuelto un rosario de dolor e impotencia a lo ancho y largo del país. «Vivo se lo llevaron, vivo lo queremos».

Entre los manifestantes vie­ne doña Rasa Aurora, madre de Ángel, el abuelo con su bastón, y la hermana del desaparecido. La madre repite lo que ha suplicado en redes sociales: «Que le regre­sen a su hijo, que vean a donde estoy, y a sus amigos, llorando por él, él nos hace falta, que me regre­sen a mi Ángel».

 

 

APARECE SIN VIDA EN COSOLEACAQUE

Por la tarde de ese mismo miér­coles, camionetas y motocicletas de la Fiscalía salen de Coatza­coalcos con rumbo al municipio de Cosoleacaque, a unos cuaren­ta minutos del puerto.

Se tiene información de un cuerpo tirado en un predio. El convoy toma una brecha llena de hoyancos, entre dos fraccio­namientos distantes, Las Ollas y ViIlas Ana Marías. La maleza apenas si deja ver el camino de dos ruedas.

Se detienen a descampado, y los agentes se internan entra la maleza y el lodo. Al fin encuen­tran una bola con restos huma­nos completos, pero en estado avanzado de descomposición.

Por las señas proporcionada por la madre –ropas y altura–, deducen que podría ser el mu­chacho desaparecido.

En el Semefo se confirma la identidad del desconocido: es Án­gel. Su cuerpo presentaba heridas graves de arma punzocortante. La Fiscalía va tras los culpables, en un caso relacionado con enervantes.