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Director Miguel Cantón Zetina
Edelmira Juárez Jiménez

“Tengo 60 años y bendito Dios pude librar al Covid-19”

“Sentía que la cabeza me iba a estallar. Llegué a los 39 grados de temperatura y mi oxigenación era del 90 por ciento”.

A sus 60 años doña Edelmira Juárez Jiménez es una vencedora del Coronavi­rus.

Su fe a Dios y la voluntad de luchar contra el mortal virus lograron que en 12 días pudiera levantarse en la cama en donde permanecía postrada.

Platica que los momentos más difíciles fueron tres días después del contagio, pues al caminar 100 metros con direc­ción al mercado de la colonia Atasta, descubrió que se agota­ba más de lo normal y ese día ya no pudo hacer su compra.

Regresó a casa para que la atendiera un médico.

Afirma que su batalla fue muy dura, pues la temperatura le subía más de 39 grados y su oxigenación del 90 por ciento.

Asegura que utilizó remedios caseros, como agua caliente con el tradicional Vaporup para que pudiera respirar mejor.

En su casa no sólo ella fue vencedora del Covid, señala que también su hija y su esposo.

Lamenta y le entristece ver en las calles a personas, sobre todo a mayores, que no utilizan las medidas de sanidad.

Llama a los jóvenes a que también sean responsables y utilicen los cubrebocas.

 

—¿Qué siente una paciente?

Los síntomas que tuve fue que perdí el olfato, el gusto, en los primeros días.

Luego mucho dolor de espal­da con tantita tos seca. Pero yo no le di importancia, entre lo que cabe me sentía bien.

Pero ya el 18 del mes pasa­do me sentía mal. Intenté ir al mercado de Atasta pero me can­sé demasiado y eso que caminé 100 metros. Tuve que regresar a casa porque sentía que me fal­taba el aire. Entonces, me vie­ron mis hijos, y después me fui hacer una placa del tórax.

Me llevaron a hacérmela y saqué que mis pulmones esta­ban bien manchados, uno a la mitad y el otro un poquito.

 

—¿La hospitalizaron?

No. Le dije a mis hijos que me llevaran, pero decidie­ron que me atendiera un médico particular en la casa y así le hicimos.

Ya ves que muchas cosas se han escuchado de los hos­pitales, pero lo que más que­ría en ese momento era que me atendieran en la manera que fuera.

Llegó el doctor, me dijo que iba necesitar el oxígeno, pero final no lo necesité, lo que sí necesité fue la nebu­lización.

En tres días empecé a respirar mejor. Fue el 18 de julio, pero me sentí mal el 19, 20 y 21, pasando esos días empecé a mejorar.

En total me duró como 12 días la enfermedad y pude vencerla.

 

—¿Cómo venció al Covid?

Me pusieron un catéter para pasarme en la vena los medicamentos, ¿qué medi­camento?, no lo sé, porque no estaba tan consciente.

Sí escuchaba lo que decían, pero como me dolía bastante la cabeza no tenía ganas de poner atención y no me memorizaba lo que me ponían.

Solamente recuerdo que me daban dos pastillas a tomar. Sentía que la cabeza me iba a estallar.

Llegué a los 39 grados de temperatura. De ahí empezó a bajar a 37, 36. También obser­vaba que mi el oxímetro medía mi respiración al 90 por ciento.

 

—¿Qué cuidado tuvo en casa?

Estuve encerrada, en mi cuarto, no salí para nada.

Una de mis hijas, Ana Ber­tha, me ayudaba para ponerme la mascarilla del nebulizador.

También me puso una parri­lla debajo de la cama con agua hirviendo y el Vaporub, y todo mi cuarto; me decían, que olía fuerte pero yo ni lo sentía por­que perdí el olor y el sabor.

Al séptimo día de haber em­pezado con la enfermedad, em­pecé a distinguir el olor y sabor de la comida.

Pero ahí permanecía el va­por debajo de mi cama, y de un jarabe natural tomada cada hora una cucharada.

Nos ayudó muchísimo, y digo nos ayudó porque también mi hija y mi esposo Raúl se en­fermaron de Coronavirus, pero les dio poco a diferencia mía.

 

—¿Qué mensaje le daría a los ta­basqueños?

Que se cuiden, pues es una enfer­medad muy fea; la verdad yo no quisiera que a nadie le diera, me­nos a las personas mayores, por­que yo tengo 60 años, pero me siento triste cuando veo a esas personas mayores que caminan en la calle sin cubrebocas.

Parece que no le tienen mie­do a la enfermedad, o es más grande la necesidad que los obliga a salir.

Es una enfermedad muy fea, siente uno que se va morir, que no se va a levantar, pero bendi­to Dios que pude librarla.

Yo le pedía mucho a Dios y a la Virgen María por mi salud.