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Téllez: clasismo vulgar

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La senadora panista Lily Téllez es fiel exponente del clasismo y desprecio hacia los que menos tienen. Ataca los programas sociales de AMLO, considera y así lo dice, un desperdicio entregar apoyos directos a las clases más vulnerables; se atiborra con el argumento de que es mejor “enseñar a pescar que regalar el pescado”, como si ella y la casta privilegiada que representa fuesen “pescadores” esforzados y trabajadores en lugar, en su gran mayoría, de oportunistas que hacen e hicieron fortuna traficando con las influencias en forma de contratos públicos ventajosísimos para ellos, los cuales muchas veces NO concluyen o lo hacen con pésima calidad pero eso sí, cobrándolos como de primera. Basta decir que en una intervención en tribuna, Téllez se refirió al diputado Gerardo Fernández Noroña, como “changoleón”, un indigente de las calles de la alcaldía Coyoacán que saltó a la fama por un programa de televisión.

Pero más allá del personaje en cuestión, es indignante que alguien que se dice o asume como representante popular y de una entidad federativa, acuda al ruin y vulgar recurso de intentar ofender y burlarse de un rival político (o cualquiera que fuese), comparándolo con una persona en situación de calle.

Con semejante actitud la senadora evidencia un clasismo despreciable y una intolerable hipocresía en quien debiera mostrar especial respeto y empatía con las clases sociales menos favorecidas y de paso, su absoluta carencia de argumentos, capacidad e inteligencia para rebatir a sus detractores.

No es que se lo haya dicho a un legislador contrario a su partido, sino que insultó a 14 millones 940 mil personas en esos niveles de pobreza de acuerdo INEGI. Sus dichos NO pueden ni debieran tomarse a la ligera por su partido ni quedar en una anécdota o una chusca intervención, más bien debe ser llamada severamente su atención por Derechos Humanos y organizaciones contra la discriminación, si estos omiten, por lo menos una amonestación pública, estarán convalidando que por ser mujer y senadora, puede dirigirse despectiva y discriminatoriamente a quien se le ocurra sólo por apariencia o características físicas convirtiéndose en vulgares cómplices de ese acto. Esto fue un grotesco exceso que no debe quedar impune ni olvidado.

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