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En el siglo XXI, las parteras chontales han muerto, pocas son las que subsisten.

Centla

Tecnología e internet ‘apagó’ a las mujeres recoge niños

El mundo globalizado vence el antiguo oficio de las parteras indígenas que miran con tristeza como la modernidad acabó con la tradición.

NEFTALI ORTIZ
GRUPO CANTÓN

CENTLA.- “Las mujeres le pertenecen a nuestra madre Ix Bolom, la que por las noches refleja su imagen de anciana tejiendo en la luna, ella es la que nos enseñó los métodos de parto y fertilidad”, comentan antiguamente las ancianas parteras chontales en lengua yokot´an.

El historiador centleco, Plácido Santana Hernández, señala que el nacimiento o parto en el ámbito yokot´an, era motivo de todo un ritual sagrado, pues ahí iniciaba una nueva vida que evitaría la extinción de la raza chontal, por ello eran muy apreciadas y respetadas, pues en la ausencia de médicos convencionales, las parteras cumplían la sagrada misión de ayudar a las mujeres a concebir un nuevo ser.

Agrega que antiguamente las Ixch´uch´ch´ok (la mujer que recoge niños) eran muy solicitadas, pues hasta finales del siglo XX, aún existían ancianas chontales en las comunidades indígenas que auxiliaban a las mujeres en el parto, y en donde las parteras invocaban a la antigua diosa Ix Bolom (patrona de las parteras) en lengua yokot´an, para que no hubiesen complicaciones en el mismo.

LA DIOSA DEL PARTO

La Ix Bolom tabasqueña es la diosa homologa de Ix Chel, diosa del parto, la fertilidad y el tejido entre los mayas de Yucatán, que también veneraban a esta diosa antiguamente, así lo dice Fray Diego de Landa, misionero franciscano que convivió en la península yucateca entre 1572 y 1579 y dejó en sus textos, que las antiguas hechiceras mayas, engañaban a las mujeres durante su parto, haciéndoles invocaciones y rituales a un demonio femenino que se llamaba Ixchel y al cual colocaban bajo su cama durante el parto.

TRADICIÓN EN UN NACIMIENTO

Pero en el Tabasco yokot´an, las parteras se limitaban a darles té de canela a las mujeres en parto, colocaban una lía amarrada a la viga del techo para que las mujeres se sostuvieran de ella, y ya semi hincadas, hicieran fuerza para expulsar al bebé que caía en una yagua de palma, después la partera limpiaba al yokajló (recién nacido) y le cortaba el ombligo, antiguamente se creía que la longitud del ombligo que se dejaba al niño varón, era la longitud que le iba a crecer el pene.

Indicó que en múltiples comunidades chontales, el ombligo del recién nacido era enterrado según sus creencias, por ejemplo: en algunas comunidades el ombligo del niño se entierra bajo la puerta de entrada de la casa “pa’ que no vaya a quedar pérdido y siempre regrese a casa” y el de la mujer se entierra en las cenizas del fogón “pa’ que nunca le falte comida y sea trabajadora.

En otras comunidades el ombligo del niño se entierra en el solar donde da el sol “pa’ que no le tenga miedo al sol, pues el hombre como hijo del sol tendrá que trabajar bajo sus potentes rayos para llevar el sustento a su familia”, mientras que el ombligo de la niña como hija de la luna se entierra en la sombra del solar “pa que no le tenga miedo a la batea y atienda a los hijos que serán muchos”.

‘Los partos en luna llena traen niño’

Las parteras chontales afirman que cuando el parto se da en luna llena, es muy probable que sea un niño, pues 9 de cada 10 bebés nacidos en luna llena han sido varoncitos, cosa contraria si el parto sucede en luna creciente las mujeres después del parto se deben de incorporar a sus tareas cotidianas después del tercer día.

Sofía de los Santos, partera chontal de la Villa Vicente Guerrero, Centla. Resguardó la antigua sabiduría de los partos indígenas en el pueblo.

Recomendaban cuidarse antes del parto enrollando una cinta roja en su vientre para cuidar al bebé de los truenos o los eclipses de sol o luna, pues estos astros (sobre todo la luna), tiende a devorar parte del cuerpo de los bebés como orejas, labios, dedos, entre otros durante los eclipses.

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