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Director Miguel Cantón Zetina
Ambulantes de los portales de Madero se quejan de pocas ventas.

Sufren 30 mil informales por encierro

Se les ha desplomado la venta hasta en 80%, pues hay menos gentes en las calles, parques y plazas donde ellos venden.

Con la cifra de coronavirus al al­za y el endurecimiento de las me­didas de prevención de las autori­dades que ha obligado al cierre los establecimientos considerados como no esenciales, los comer­ciantes informales que en Centro superan los 30 mil, son los que más sufren por la cuarentena.

A diferencia del sector formal, los informales carecen de protec­ción social, de estímulos fiscales y de apoyos gubernamentales, se trata de la población que vive al día y que se ve impedida a acatar la cuarentena, pues para ellos de­jar de trabajar es dejar de comer.

Y es que, aunque los comer­ciantes informales, no pagan impuestos, ni derechos de pro­piedad intelectual, funcionan como una fuente alternativa de empleo para quienes no encon­traron una fuente de ingresos en la formalidad.

“Algunos dicen que somos irresponsables porque seguimos trabajando, pero nosotros no po­demos quedarnos en la casa a es­perar que pase la contingencia, tenemos que arriesgarnos pa­ra llevar comida a la casa, oja­lá el gobierno diera algún apoyo para que podamos quedarnos en la casa con nuestros hijos, pero mientras no lo haya, tenemos que chambear”, asegura Félix Gutié­rrez, un vendedor de pozol.

La situación es cada vez más complicada para los informales, que ven cómo se cierran los co­mercios y la gente sale menos a la calle, los parques y plazas públi­cas que durante años han sido su lugar de trabajo están cerradas, la venta se ha desplomado casi al 80 por ciento.

SIGUEN RESISTIENDO

“Antes vendía bolsas de fruta pi­cada en la esquina de Juárez y Za­ragoza en el Centro, ahorita hay ratos que está solitario, porque la mayoría de los comercios están cerrados, yo aquí sigo aguantan­do, pero muchos, tuvimos que cambiar de giros, ahora vende­mos gel y cubrebocas”, señala María Domínguez.

Lo cierto es que, así como la pandemia pega a la economía for­mal, pega más duro a la informal y lo hace de mayor manera, porque ésta no tiene protecciones o apo­yos gubernamentales y la pobre­za impide a los ambulantes hacer cuarentena.