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Muere de paro respiratorio.

Centro

Su último trabajo fue jilear un patio

El hombre padecía de los bronquios. El calor excesivo lo sofocó antes de caer fulminado.

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

CENTRO, Tabasco.- El tupido bigote perfectamente trazado y las botas de hule sobresaliendo del holgado pantalón hicieron pensar a doña María Neri que aquel desconocido que tenía parado frente a la puerta de su casa y le pedía trabajo era el hombre que había estado esperando para que limpiara el terrenito que tenía al lado.

Como ya iban a dar las doce del día, doña María Neri le dijo a aquel hombre que se presentara mejor al día siguiente, muy temprano, porque jilearía el patio de al lado. Lo último que oyó de aquel visitante fue una tos que lo sofocaba.

PIDE TRABAJO PARA JILEAR

El jueves 13 de mayo, a las 7:30 de la mañana, cuando ya había terminado de desayunar, doña María Neri oyó afuera un «buenos días».

Cuando se asomó a la puerta en el callejón Zavala, recordó que se trataba del mismo hombre que había pasado el día anterior. También recordó el nombre con el que se había presentado.

«¿No quiere probar un bocado, don José, antes deponerse a trabajar?». El hombre tosió un poco antes de dar las gracias y decir que su mujer le había hecho de comer antes de salir de casa.

«¿Dónde vive usted?», preguntó por mera cortesía doña María Neri, que acababa de cumplir los 53 años. «Cerquita —dijo el hombre—. En Cumuapa Primera».

A doña María Neri, que vivía en la ranchería Plátano y Cacao, no le pareció tan cerca. Después de mostrarle el terreno que limpiaría, dejó don José sacando su machete y una lima de afilar y se metió realizar sus deberes.

PADECÍA DE BRONQUIOS

A eso de las 10 de la mañana en que el calor arreciaba, doña María Neri se asomó al patio para ver cómo iba la jiliada. Grande fue su sorpresa cuando vio al trabajador tendido en la tierra.

Salió asustada a verlo y llamando a gritos a los vecinos por ayuda. Don José está lívido de la cara y ya no se movía. Un alma caritativa puso un paraguas azul para protegerlo del sol.

El rumor del fallecimiento llegó pronto a la mujer de don José, quien no tardó en presentarse en aquella casa. Doña María Neri contó todo desde el día anterior en que aquel hombre la había abordado para pedir trabajo. «Nunca imaginé que estuviera débil», dijo para sí con sorpresa.

Doña Matea García se sintió más sola y triste mientras contaba que desde hacía algún tiempo su fiel compañero se asfixiaba de tanto toser, pues padecía de los bronquios. Su esposo había cumplido 50 años. Ella cumpliría 57, pero esta vez lo pasaría sola.

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