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CARLOS MARÍ / PERIODISTA

Su diagnóstico fue faringitis, pero él sabía que tenía Covid

“Llegó el médico de Urgencias y me mostró su celular con la imagen de la placa: Se va tener que usted que quedar, mire como tiene ya secreciones en los pulmones”.

VILLAHERMOSA. Carlos Marí so­brevivió al Covid-19; en una primera cita médica sus síntomas se los tra­taron como una paciente de faringi­tis, pero él sabía que era algo más.

En la primera parte de esta en­trevista nos comentó que aunque no le confirmaron que tenía Covid sí le dieron el tratamiento propio de la enfermedad. Le recetaron Hidroxi­cloroquina, Azitromicina, Benzona­tato y Paracetamol.

Afirma que salió satisfecho por­que sabía que esa dosificación era la que le recetaban a enfermos Covid.

Tres semanas después de los pri­meros síntomas, entendió que des­de esos días ya tenía el Sars-COV-2 y por lo tanto acudió al hospital ‘Juan Graham’ de Villahermosa, en donde tuvo que quedarse.

 

¿Hubo un segundo chequeo?

De manera inusual, después de la primera cita médica caí de sueño la tarde de un sábado y domingo, cuan­do además padecí una fiebre que ni con Paracetamol ni con paños de agua fría pude contrarrestar.

Me repuse el lunes y martes, y todavía fui a mi caminata, pero por el cansancio repentino decidí contar con una segunda opinión médica.

Busqué una cita con la doctora Guadalupe Calderón, a quien dos amistades me habían recomendado.

Me encomendó realizarme un análisis de sangre bastante amplio: química sanguínea, función del hí­gado, velocidad de sedimentación globular, proteína C reactiva, TP, TPT, Ferritinina, dímero C, procal­citonina, fibrógeno, interleucina 6. Además, una tomografía de tórax.

Y sobrevino una nueva receta: Azitromicina, Oseltamivir, Vantal burofaríngeo.

A las 19:30 horas estaba afuera del hospital y casualmente era el único a la espera, por lo que en tres minutos el guardia me condujo al consultorio. Nuevamente tenía sa­turación de oxígeno en 95, pero al advertirle al doctor que tenía ya tres semanas con afonía y tos, y en los últimos días agotamiento, dijo que el siguiente paso sería la tomografía.

Me preguntó que si el diagnósti­co era de neumonía aceptaría inter­narme y le respondí que sí.

 

¿Y decidiste hospitalizarte?

Unos 20 minutos después de la tomografía llegó el médico de Urgencias y me mostró su celu­lar con la imagen de la placa: “Se va tener que usted que quedar, porque mire como tiene ya se­creciones en los pulmones”.

“¿Pero, me van a hacer de to­das formas la prueba PCR?”, le pregunté.

“Sí, claro, en un momento, viene una enfermera y le toma la muestra”, aclaró el médico.

Le avisaron a mi hermana y al regresar por mi ropa le advertí: “Se trata de por lo menos una se­mana y puede ser hasta dos para recuperarse”.

Era el 28 de julio. En esos días Tabasco estaba en los primeros lugares del país en contagios y se habían registrado 43 defuncio­nes… Había 667 camas de hospi­tal ocupadas de 953 disponibles.

Nos encomendamos a Dios.

 

¿Cómo fue la atención en el hospital?

Fue de calidez como a los que es­tábamos en el hospital. Siempre estaban atentos. Nos daban pi­cadillo de carne de res con papa y zanahoria y arroz; pensé que me afectaría, porque solamente cuento con un riñón. Mi alimentación es baja en sal y proteínas, pero me acla­raron: “La dieta que tiene que seguir es hipercalórica e hiperproteínica, y además, el riñón que le queda puede compensar el funcionamiento al 70 por ciento”. En cuestión de tres días me recuperé y me dieron de alta.

 

¿Hiciste un recuento del trata­mientos del hospital?

Me fue muy difícil memorizar el nombre de los medicamentos, pero sí apunté algunos. La conclusión que obtuve, ya en recuperación en casa, fue que me suministraron me­dicamentos de primera línea, inclu­so, algunos, como el Ruxolitinib.

Supe que es un desinflamante que se usa contra la fibrosis de la mé­dula ósea y de nombre y costo muy similar al que había tomado cuando padecí cáncer de riñón: el Sunitinib.

 

¿Qué mensaje nos dejas?

Me queda claro que esta enferme­dad es incierta en síntomas. Los tratamientos dependen del sistema inmunológico de cada persona y así como no hay un consenso en medi­camentos, tampoco existe claridad en cuanto al periodo del cuidado posterior al alta hospitalaria –unos médicos me recomendaron 14 y otros 21 días-, ni del tiempo que uno puede tener inmunidad.

Soy testigo de que así como exis­te una Infodemia, en la que Méxi­co ocupa el segundo lugar de ‘fake news’, hay también información que las instituciones no hacen pú­blica y no ha sido investigada por los medios sobre el tratamiento farmacológico para Covid-19. Esto confunde y confunde y genera un ambiente de incertidumbre sobre los tratamientos.

 

¿Qué te ayudó en medio de la in­certidumbre a librar esta enfer­medad?

No sé qué rol jugó cada tratamiento, pero ya sean las dosis de Hidroxi­cloriquina y Azitromicina, de la primera receta; la Ceftriaxona y el Ruxolitinib, o bien los ejercicios de respiración, la dieta, la actitud, no tener miedo, la atención, la fe; el apoyo de la familia en oración. Creo, a final de cuentas, que fue todo jun­to, con lo que volví a respirar al 99 por ciento.