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Director Miguel Cantón Zetina
Jorge Norberto Canúl.

“Soy joven, a mí no me va a dar”… y el covid casi lo mata

“Utilizaba en mi trabajo el cubrebocas en la barbilla, no hacía caso; les respondía que yo era joven”.

CANCÚN. Jorge Norberto Canúl, tiene 20 años, padece de asma des­de los cinco años, hace mes y medio se libró del Covid-19, agradece a la Virgen de Guadalupe ante tantas oraciones que le hizo, y pide a las personas que se cuiden, porque la pandemia es una cosa seria.

Él trabaja de ayudante de coci­na en una cafetería desde hace dos años, labor que dice gustarle bas­tante, pero que tuvo que interrum­pir por contagiarse con el Corona­virus, que no sabe realmente dónde lo agarró.

Piensa que pudo ser en alguna combi del transporte público.

 

¿Cómo fueron tus primeros sín­tomas?

La verdad no me percaté que tenía eso, como tengo asma pensé que era una de mis crisis y usé el nebuli­zador que tengo en mi casa por tres días seguidos.

Pero al ver que no me aliviaba sí empecé a preocuparme, porque además no tenía silbido en el pe­cho y sí un dolor como que se me apretaba, y eso no era normal, por lo que decidí ir al Hospital General de Cancún para que me atendieran.

Me tomaron placas y me dijeron que tenía algo que se veía, no como contracción de los pulmones por asma, sino que podría ser Covid, y de inmediato me pasaron a que me hicieran la prueba rápida porque soy asmático, y en efecto di positivo.

Me recetaron muchas medici­nas a ver si me aliviaba con eso, de lo contrario me iban a tener que in­gresar por mi condición.

Eso sí, me dijeron que me olvi­dara del nebulizador por el riesgo a diseminar el virus; mi tratamiento era otro.

 

¿Te entró miedo?

La verdad que sí, yo era uno de los que muchas veces usaba casi todo el tiempo el cubre bocas en la barbilla, aunque en mi trabajo eran estrictos con eso por las planchas en la coci­na y los alimentos.

Pero cuando me quedaba solo lavando no hacía caso y por eso tuve muchas broncas y les respondía que era joven y que eso a mi no me caía. Sin embargo, el mismo día que me hicieron las pruebas y a pesar que ya empezaba a me­dicarme, los dolores de huesos me atacaron y la cabeza me do­lía como si me dieran de mar­tillazos. No te puedo describir el dolor, sólo que estaba en la hamaca y ya no sabía en qué po­sición ponerme y cómo colocar la almohada.

 

¿Con quién vives?

Con mi mamá y tres hermanos, después del mayor que tiene 22 le sigo yo.

Ella estaba muy preocupada y como vivimos muy estrechos el problema era cómo me iba a aislar, por lo que todos mis her­manos tuvieron que irse con mi mamá a su cuarto, ¡ni modo!

Pasé cerca de veinte días muy mal, fiebre, falta de aire y mu­chas de las noches la tos no me pa­raba.

En dos ocasiones por la madru­gada mi mamá ya estaba llamando un taxi para llevarme al hospital, pero yo me resistía y le decía que ya se me estaba pasando; y luego de pelear entre mi balbuceo me deja­ba tranquilo porque me dormía un poco .

Pasaban 15 minutos y me volvía la tos, y entonces era cuando hacía mis oraciones a la virgencita de Guadalupe.

Con cansancio tomaba cosas de yerba bien caliente que me pre­paraba mi mamá, eso era lo único que me pasaba por la garganta, que igual me dolía. La comida no me pa­saba, hasta luego de unos cinco días empecé a probar bocado porque igual mi estómago de las pastillas sentía como si tuviera colitis y ya necesitaba comer.

Ahora que ya salí le pido a las personas que no hagan esas locu­ras, que si les empieza a faltar el aire muy seguido vayan al médico rápi­do, no es un juego ese virus.

 

¿Cómo fue el proceso de mejoría?

Fue pasadas las dos semanas, pero caminaba con flojera porque aún estaba débil y sentía mucho can­sancio, pero tenía mucha fe porque no quería ir al hospital.

No quería que me ingresaran, por la cantidad de personas que me contaban que no salían de ahí.

Gracias a Dios, a pesar de ser asmático no me compliqué tanto cuando fui a mi revisión médica por primera vez.

Sí estaba mal aún, pero mis pul­mones no salieron tan mal como para internarme, por eso no me in­gresaron y sí respeté todas las me­didas de higiene y de prevención.

Mi mamá me exigía que tomara todas las medicinas, la verdad fue un gran apoyo.

Es difícil sobrevivir a esta enfer­medad si no tienes a alguien que te eche la mano, por todos los sínto­mas que te da.

Y aunque uno no quiera, piensas que la muerte te va a llegar, sobre todo cuando te dan las crisis y falta la respiración contantemente.

Me salvé, sí, pero nunca olvidaré todo lo que pasé; ahora no me quito el cubrebocas.