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Somos extraños en una sociedad que cambia

Jesús le dice a su Padre: “Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.” (Jn 17,14 ). Por eso en este tiempo de la cuaresma nos vamos despojando de lo que no nos pertenece porque no forma parte de nuestra identidad cristiana. Ser seguidor de Jesús, implica asumir el pensamiento, la vida y los criterios de su Evangelio y abandonar todo aquello que no esté de acuerdo con el pensamiento de Dios.

En este sentido, los que queremos vivir congruentemente la fe en Jesucristo, estamos dispuestos a vivir como extraños en una sociedad que cambia, que en las diversas épocas de la historia, a veces parece acoplarse a los planes de Dios y, en otros momentos se aleja e incluso se pone en contra de lo que el Señor quiere para el mundo.

La Carta a Diogneto, escrito del siglo II dice de los creyentes: “Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes.

Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida”.

El mundo, los críticos de la Iglesia, medios de comunicación que comparan a los creyentes con otras instituciones mundanas, quisieran que la Iglesia de los discípulos de Jesús se acomodara al pensamiento y al estilo tan cambiante del mundo, se le tacha como antiguada, retrógrada, no apta para los hombres y mujeres de hoy.

Desde luego que muchos miembros de la Iglesia que no conocen bien el Evangelio o no tienen convicciones profundas en su seguimiento a Jesús, cuando el Magisterio Eclesial, fundamentado en la Revelación Divina, dice algo contrario a los proyectos del mundo, se desalientan y hay quienes se alejan del Señor (Jn 6, 66-67).

Tenemos que recuperar el pensamiento, el estilo de vida, los valores y criterios del Santo Evangelio y no tener miedo ante el mundo, ya que esta ha sido la misma situación a lo largo de la historia, de los profetas, los mártires, todos los santos, que se decidieron a vivir con autenticidad su fe cristiana y únicamente así es como han contribuido a la salvación del mundo, testigos de la civilización del amor.

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