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Solos y con hambre para el Día de Reyes

Vecinos de la ranchería Miguel Hidalgo Segunda Sección denuncian a los padres Marco «N» y Teresa «N» por abandonar a sus vástagos.

FRONTERA.- Cuando los cinco niños se levanten del viejo colchón sucio y con resortes de fuera, sus padres ya no estarán en el cuarto de láminas y tablas que tienen por casa.

El cabeza de familia, de nombre Marcos, vive extraviado en el alcohol, y todas sus preocupaciones se reducirán a vagar por la ranchería Miguel Hidalgo y sus alrededores para conseguir las dos monedas amarillentas que le permitirán empinarse el Tonayán.

La progenitora de los cinco infantes, de nombre Teresa, irá de casa en casa pidiendo un taco para comer, y si bien le va, mendigará un pan para sus vástagos.

Las criaturas permanecerán encerradas durante todo el día dentro del destartalado cuarto, que apenas sirve para protegerlos de la lluvia, mas no de las madrugadas frías de enero ni del chaquiste y los mosquitos ruidosos de todo el año.

A veces, de la vieja lona curtida por el polvo o entre los enormes boquetes que dejan los tablones, asoma una carita sucia y despeinada, que no se aventurará a cruzar el patio.

No hay juguetes de Navidad y tampoco es posible imaginar que vayan a llegar uno el Día de Reyes. Las ropas percudidas que portan tienen las señales de que no han sido ni lavadas ni cambiadas en semanas.

A pesar de su corta edad, la mayorcita comprende que sus demás hermanos, menores que ella, necesitan ser cuidados, y se esmerará en tenerlos cerca y a veces rodearlos con su mano para que no se golpeen cuando se estén cabeceando sentados.

El concierto de gruñidos que salen de sus estómagos delata que tienen hambre. Siempre es lo mismo. El Benjamín se pone a llorar, otros de los hermanos se decantan por dormir, quién sabe si para olvidar el hambre o por la debilidad causada por ésta.

Ella, la mayorcita, espía por las rendijas, atenta a que uno de sus padres llegue y les traiga el deseado alimento.

RECHAZAN PADRES DARLOS EN ADOPCIÓN

Los vecinos del Sandial se acercan a veces a escondidas de los padres y por los resquicios de la magra casita les pasan un plato de sopa, frutas y pan.

Son ellos los que han solicitado varias veces, sin que reciban respuesta ayuda, a las autoridades municipales en el puerto de Frontera, para que el DIF intervenga.

Sin querer dar sus nombres, por temor a represalias, cuentan que los cinco chiquillos se pasan hasta 24 horas encerrados, sin que los padres —Marcos y Teresa— se preocupen.

«Se mantienen todo el tiempo solos, al grado de que uno de ellos le tiró cal a otro de sus hermanitos y perdió el ojo», relatan con tristeza.

En el reducido cuarto con piso de tierra, se escuchan los pies de los críos que juegan. Sus caritas sucias no dejan de sonreír mientras la mayorcita mira por los entresijos el camino de la ranchería Miguel Hidalgo Segunda, para ver si aparecen sus padres. Toda su corta vida han vivido así e ignoran el drama del que forman parte.

Algunos vecinos aseguran que ciertas personas se han acercado a los padres para proponerles den en adopción a uno de los pequeños, sin lograr convencerlos. Dentro se oyen voces infantiles que cantan una canción alegre que apenas si se entiende.

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