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Seguridad

Sobrevivieron pescadores 48 horas a la deriva en altamar

Se les acabó la gasolina en mar abierto, fueron rescatados el sábado por la tarde.

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PARAÍSO.- No hay comida, ni agua, muchos menos un refugio, el océano es igual que un desierto, por lo que un naufragio a mar abierto es casi una sentencia de muerte. José, Luis y Florentino lo sabían, por lo que al escuchar el motor apagarse en medio de aquella inmensa soledad azul, de inmediato se encomendaron un milagro del creador.

José Góngora Valencia, Luis Arturo Góngora de la Cruz y Florentino de la Cruz Alejandro, el último de ellos, un hombre de aproximados 64 años de edad, son nativos del Ejido Andrés García, experimentados pescadores que todas las mañanas parten desde la madrugada para adentrarse al océano a ganarse el sustento diario, el viernes no fue la excepción.

Se armaron con su red, cañas, anzuelos, carnadas, comida y agua para un día, un cilindro de gasolina, llevaban poco mas de 25 litros, los necesarios para regresar por la tarde, al menos eso pensaron, el viaje fue más largo y ninguno se lo imaginó.

NO DABAN ESPERANZA

La alerta se lanzó el mismo viernes por la noche, familiares al ver caer el atardecer temieron lo peor, por eso corrieron ante las autoridades de control marítimo en el puerto, los pescadores oficialmente se habían perdido en altamar.

Horas antes, cerca de las tres de la tarde, el motor del pequeño bote empezó a cascabelear, no era una falla mecánica, el cilindro de combustible silvaba al ser absorbida las últimas gotas del combustible, que quedaron a merced de la corriente marítima, la cual los internaba cada vez más en el océano.

Aprender a sobrevivir requiere habilidad, coraje y un montón de suerte. Ciento de kilómetros navegó a la deriva la embarcación, sobreviviendo sin prácticamente comida y con la escasa agua que les quedaba, habían pasado su primera noche bajo el manto estrellado del cielo.

Las esperanza de regresar con vida a sus casas se iba en cada sorbo que daban a la botella con agua y los ánimos se evaporaban con las incandescentes rayos del sol del sábado al medio día que azotaba sus espaldas, pero el corazón de los tres dios un vuelco que casi los tira al mar, en el horizonte la espuma que se abría era la señal que estuvieron esperando por largas 48 horas, un bote apareció y fueron rescatados.

JOSÉ VÁZQUEZ
GRUPO CANTÓN

EDICIÓN IMPRESA

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