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Una mujer y su hijo salen de su vivienda en un cayuco.

Macuspana

Sobreviven 7 mil sobre cayucos

Habitantes de siete secciones han visto como la creciente del Tulijá, Puxcatán y Usumacinta ha destruido sus viviendas.

MACUSPANA.- Las catastrófi­cas inundaciones provocadas por los ríos más peligrosos de la región: Tulijá, Puxcatán y Usu­macinta, han obligado que unas 7 mil 500 personas de 20 comu­nidades de la zona de Los Bitza­les, sobrevivan en sus cayucos y lanchas.

Lo anterior al verse afectadas sus viviendas, en donde esperan desesperados que las inclemen­cias del tiempo terminen pronto.

Los habitantes de las siete sec­ciones de Los Bitzales, hasta las comunidades de Miguel Hidalgo, Santos Degollado, Chilapilla y Narciso Mendoza, ven como las aguas derramadas por los ríos ‘José Colomo’, ‘Chilapa’, ‘Naran­jos’, los que se convierten en el ‘Tulijá’ y el ‘Puxcatán’, ha destrui­do sus pertenencias.

A la inundación por la des­carga de los ríos internos se les suma la del Usumacinta, el cual ha terminado de llenar la cuenca, convirtiendo las 6 mil hectáreas que les toca de la zona de los Pan­tanos de Centla, en una enorme laguna.

Al no tener sus viviendas, las familias sobreviven sobre sus cayucos y lanchas, dentro de sus casas totalmente anegadas.

SIGUE CRECIENDO EL RÍO

El presidente de la Federación de Sociedades Cooperativas Ribereñas, Denis Muñoz Po­tenciano, indicó que las aguas han hundido sus viviendas, donde mil 200 jefes de familia se encuentran desesperados, pues observan que la creciente aumenta, convirtiendo la re­gión en un depósito de todas las aguas que bajan desde el vecino estado de Chiapas.

Además, están sin alimento y sólo dependen de lo que pueden pescar, sin embargo la falta de sitios para cocinar los pone en se­rios problemas de supervivencia.

Afirman que perdieron todo; el ganado y las aves de corral en su mayoría han muerto.

DAN FÉRREA BATALLA A LA CRECIENTE EN MACUSPANA

Aunque se nota un ligero descenso en el nivel de las aguas en los ríos Puxcatán y Tulijá, la inunda­ción provocada por sus aguas no ceden y colocan a los ha­bitantes de sus márgenes en máximo estado de alerta, pues el peligro es latente los encierra en sus hogares o los obliga a permanecer en los al­bergues temporales.

Las aguas del Tulijá des­cienden a la cuenca del Puxca­tán, afectando las comunida­des ribereñas, mientras que en la cabecera municipal, la lucha titánica por no dejar que pe­netre el agua es frenética para el personal del ayuntamiento, vecinos y organizaciones que buscan prestar auxilio.

GOLPE EN COMUNIDADES

Las últimas estadísticas refie­ren la gran afectación en la ca­becera municipal, en donde el agua no cede, mientras que en las comunidades la situación es idéntica, con las carreteras y caminos cosecheros total­mente destruidos, amenaza­dos con seguir siendo afecta­dos por las fuertes corrientes de los arroyos que se llenan al desbordar los ríos.

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