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Soberanía energética

El día de mañana, los diputados federales discutiremos el dictamen sobre la iniciativa preferente que pretende reformar la Ley de la Industria Eléctrica. Como lo he mencionado en varias ocasiones, la aprobación de este dictamen no sólo contravendrá los principios de competencia económica establecidos en nuestra Constitución, sino que sentará un precedente sumamente peligroso para las inversiones y la economía de nuestro país, al atentar contra la certidumbre jurídica y el Estado de Derecho.

Todo parece indicar que el debate que tendremos mañana no va a estar a la altura que nos demanda la ciudadanía. MORENA y sus aliados carecen de los elementos técnicos para defender su postura, además de estar completamente cerrados a escuchar las opiniones de los expertos que participaron en el Parlamento Abierto y que en consenso advirtieron que esta reforma causaría pérdidas multimillonarias. Es más, es tal su falta de conocimiento que durante la sesión de la Comisión de Energía donde se aprobó este dictamen, distintos diputados de la coalición mayoritaria insistían que esta reforma no perjudicaría el medio ambiente pues, en sus palabras, “dos camiones contaminan más que la planta termoeléctrica de Tula”.

Esto es una vil mentira. Según un estudio de la UAM, los altos niveles de contaminación emitidos por esta planta son responsables de un gran número de muertes prematuras en el estado de Hidalgo.

En el dictamen aprobado tampoco se tomaron en cuenta las consideraciones que la COFECE hizo a través de un oficio dirigido a la mesa directiva. El órgano autónomo no sólo advirtió los riesgos gravísimos que traería esta iniciativa, como la traducción en tarifas más altas y la violación de los principios competencia y libre concurrencia, sino que también nos exhortó a NO APROBAR ESTA REFORMA.

El presidente López Obrador quiere convencernos de que esta iniciativa preferente abonará a la mal llamada ¨soberanía energética¨, pero la realidad es que con esta reforma pierde México, no sólo el gobierno, sino todos los ciudadanos quienes terminaremos pagando los platos rotos de una propuesta ideológica que sólo destruye y empobrece.

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