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Yuliana, Jesús Arturo y Ángel, son hermanos y padecen del Síndrome de Morquio.

Nacajuca

Síndrome de Morquio no les arrebató fuerzas para vivir

Los hermanos Ovando May padecen este síndrome que les ha impedido desa-rrollarse como cualquier adolescente o adulto.

NACAJUCA. Los hermanos Ovan­do May se entretienen viendo una telenovela. Jesús Arturo se apoya con una mesita para colocar sus co­dos y cabeza, lo mismo hace su her­mana Yuliana.

Ángel prefiere permanecer acostado porque así no tiene difi­cultades para respirar. Los tres tienen el Síndrome de Morquio, una enfermedad poco común, que les ha impedido desarrollarse como cualquier adolescente o adulto.

Jesús Arturo es el mayor de los tres. Tiene 19 años de edad; terminó la secundaria pero los últimos días de clases lo tenían que cargar, pues perdió las fuerzas de los pies y pier­nas y se caía frecuentemente.

Para ese entonces desconocía esa rara enfermedad que poco a poco le quitaba la fuerza y deforma­ba su cuerpo.

 

QUIERE ENSAMBLAR PCS

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“Sí la terminé. Ya en tercero me empecé a deformar. Ya me cansaba estar sentado, me dolía la espalda y también me caía. Pero pude termi­nar el tercer grado de secundaria.

De aquí en adelante es un reto.

Aún tengo las esperanzas de apren­der a ensamblar computadoras, me llama mucho la atención”.

Junto a Arturo se encuentra Yuliana Isabel. El 25 de octubre pasado cumplió quince años y está pronto a cumplir los 16. Lo que a ella le gustaría es que le celebraran su cumpleaños y le tomaran fotos, como la que tiene colgada en la pa­red donde se ve como una princesa como lo hizo una asociación civil.

Yuliana, a sus 15 años de edad tiene un peso de 27 kilos y una es­tatura promedio de 40 centímetros porque siempre permanece senta­da (si pudiera pararse mediría 1.60 metros), dice que ha aceptado la enfermedad.

Al principio se sintió triste al igual que sus dos hermanos, pero ahora ve que es un reto salir ade­lante. “Yo creo en Dios y pienso que es un reto, una prueba. Las pruebas se le dan a las personas que pueden salir adelante y nosotros estamos saliendo adelante”, dice.

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JAMÁS ABANDONA A SUS HIJOS

Para Mireya May, ser madre de tres niños con Síndrome de Morquio no ha sido fácil. El brindarles atención las 24 horas del día le ha provocado dolores de columna, contractura muscular, así como cansancio, pero no desiste porque sabe que una ma­dre jamás abandona a sus hijos.

“Mis hijos nacieron bien, no tu­vieron problemas de sus huesitos, físicamente no se veía. Llegando a los seis años se empezaron a deteriorar. Las rodillitas se les empezaron a do­blar y dejaron de caminar. Yo me es­panté al ver que a cada rato se caían. Hasta que consulté con los especia­listas y me dijeron que era la enfer­medad Morquio”, platica Mireya, la mamá de los jóvenes, quien asegura que a pesar de todo no cambiaría por nada a sus hijos.

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