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Director Miguel Cantón Zetina

‘Siento que fue un muy mal sueño estar al hilo de la muerte’: Brenda Enríquez

“(Esta enfermedad) me hizo estar más consciente y al tanto de mi salud en todos niveles, y valorarla mucho más”.

CDMX. Justo a un mes de haber presentado los primeros sínto­mas y haber superado al Covid-19, Brenda Enríquez, modelo y artista, sostiene a Grupo Cantón que lo que más le causó temor, es que pudo ha­ber sido peor.

Después de padecer la enferme­dad señala que este es un momento importante de hacernos cargo de nosotros mismos y hacer uso de nuestro raciocinio, prudencia y em­patía, porque si no nos responsabi­lizamos de nuestra individualidad no podremos encontrar soluciones como comunidad.

 

—¿Qué pensaste cuando presen­taste los primeros síntomas?

Primero, pensé que era parte de mi síndrome premenstrual, pero cuando este terminó todo seguía siendo igual y hasta peor, y aumen­taban los síntomas.

Sentí un poco de miedo y nega­ción, nunca creí que me iba a tocar pasar por esto honestamente, pues en mi casa donde somos mi pareja y yo, era la que menos salía.

Dudé mucho antes de tomar los cuestionarios y medidas de moni­toreo, pero pues al final lo hice.

 

—¿Qué ha sido lo más complica­do de haberte enfermado?

Todas las secuelas. Siento que fue un muy mal sueño, un simulacro al deterioro y vejez, estar al hilo de la muerte, la cuestión económica, ver el poco interés y respaldo del go­bierno. Salí adelante por las perso­nas que me apoyaron y me echaron la mano, no por ninguna otra cosa… Quedan secuelas no sólo, físicas si no también emocionales… Y toda­vía son difíciles de digerir.

 

—¿Cómo cambió tu vida?

Llevo seis meses sin fumar y aun así logró afectarme a nivel pulmonar y metabólico, me hizo revalorar mu­cho mi capacidad de recibir oxíge­no, de respirar, de poder moverme, y de vivir en general.

 

—¿Cuál es la construcción de tu identidad de forma, digamos, postpandémica?

Todavía no puedo hacer un juicio certero de ello ya que aún siento todo muy reciente y creo que la pandemia, ni a su pico ha llega­do, por ende, no está cerca de terminar.

Ya tenía ciertos hábitos que rayaban en lo obsesivo respec­to a los gérmenes, pero nunca se me hicieron exageradas las medidas a abordarse por pura prevención.

Si tienes bajas las defensas no sólo te puedes enfermar de Covid, sino también de otras cosas, como el herpes zóster y demás, lo que sí se me hace exagerada es el radicalismo de muchas personas en ser muy necias y negar algo que es una realidad, que afecta a muchos, la falta de prudencia y empa­tía, pues esto no es algo que se viva y padezca en solitario, si no puedes esparcirlo y afectar a los demás.

Me hizo estar más conscien­te y al tanto de mi salud en to­dos niveles, y valorarla mucho más, subestimamos cosas ‘tan simples’ como el respirar y oxi­genarnos.

 

—¿Qué dices del tratamien­to que recibiste para afron­tar al virus?

Estuve asesorada, monito­reada y respaldada por más de tres doctores, y entre ellos iban complementando la infor­mación.

Hubo un medicamento, Pla­quenil, que me suspendieron el primer día en que lo empecé, pues esa misma semana salió un co­municado de la OMS sobre que el consumo de éste; habían detecta­do un aumento de la mortandad, pero los demás, que me gustaría no mencionar, son muy fuertes y específicos.

El gobierno únicamente me otorgó unas cajas de paraceta­moles y eso una semana después de iniciado mi proceso, pero por parte de los doctores, estuve muy bien respaldada y en sí, pues creo que eso me ayudó a que lo demás no empeorara, aunque los últi­mos días fueron los peores.

Son tratamientos caros, pero muy fuertes y efectivos, ya que solo ayudan a los efectos colatera­les de la respuesta inmunológica.

 

—¿A qué se debió lo de los últi­mos días?

¡Honestamente!, no sé, ya eran los últimos días, y supongo que la ansiedad no ayudó y fue cuando tuvimos que recurrir a un tanque de oxígeno por dos días.

 

—¿Y qué piensas sobre la socie­dad desde tu cosmovisión y ex­periencia artística?

Creo que no nos estamos respon­sabilizando lo suficiente sobre nuestro propio cuerpo, nadie está listo para vivir algo así y somos pocos los que pudimos contarlo, el valor de lo que consumimos y dejamos entrar a nuestro cuerpo tiene consecuencias más impor­tantes de lo que creemos a prime­ra, desde lo que comemos hasta lo que pensamos y respiramos.

Nos es muy fácil dejar que otros tomen la batuta sobre nues­tra propia libertad, salud, comu­nicación, y albedrío.

Creo que esto es un gran lla­mado a desconfiar un poco de forma inteligente y con criterio en lo que haga un líder o no, a ha­cernos cargo de nosotros mismos y hacer uso de nuestro raciocinio, prudencia y empatía, porque si no nos responsabilizamos de nues­tra individualidad no podremos encontrar soluciones como co­munidad.