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Agua y Pantano

Sí a la reforma electoral

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No me tocó votar en 1988, pero sí escuchar las denuncias de fraude electoral. Recuerdo los reportes que se daban en la radio local un día después esas votaciones, que hablaban de las anomalías y la insatisfacción de la gente.

Voté por primera vez en 1994, la primera elección organizada por el IFE ciudadano, el que dirigía José Woldenberg. Fue la primera contienda en la que todos los partidos aceptaron las reglas y al árbitro y cuyo resultado no fue desacreditado, ni se alegó fraude.

En las elecciones locales fue diferente, pero de a poco en los siguientes años se logró también la ciudadanización del órgano electoral, hasta que se generaron las condiciones para garantizar independencia, autonomía, imparcialidad, certeza y legalidad en las contiendas.

Tanto a nivel local como nacional, hubo reformas sucesivas después de 1994, todas enfocadas a garantizar elecciones limpias, transparentes y democráticas. En la discusión de esos cambios al marco jurídico, siempre existió la intención de algunos, principalmente del partido gobernante, por sacar ventaja. Hoy pasa lo mismo.

Después de las controvertidas elecciones de 2006, que produjeron nuevamente denuncias de fraude, se rediseñó el sistema electoral y se otorgaron funciones y facultades al IFE, después transformado en INE, que lo convirtieron en un monstruo burocrático altamente costoso.

Los partidos políticos, por su permanente desconfianza entre ellos, hicieron sumamente onerosa a la institución, al asignarle funciones que la hicieron incluso extralimitarse como órgano garante de la democracia.

¿Hoy se necesita una nueva reforma electoral? Sí. Pero no una reforma que acabe con la democracia y extinga las libertades en México. Es deseable una reforma que prolongue el periodo de estabilidad política y social en el país y que garantice el acceso al poder por la vía pacífica y siempre democrática. Avanzar y no retroceder. Diálogo y no imposición.

Una reforma progresista: segunda vuelta electoral, voto y urnas electrónicas, más libertad y menos regulaciones, más debates y menos spots. Más transparencia y menos dinero sucio a las campañas. Más democracia y menos burocracia ¿Tú qué opinas?

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