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Severa depresión lo lleva a ahorcarse

No deja carta póstuma, pero según los vecinos el suicida padecía una melancolía crónica.

CAMPECHE, Campeche.- Según los vecinos, el hombre llevaba varios días cabizbajo, otras veces lo veían pasar por el andador con la sonrisa clara en su rostro, pero últimamente casi no salía de su domicilio. Ni siquiera se asomaba por la ventana cuando los perros del barrio ladraban por la noche.

El hombre vivía solo, tenía aproximadamente entre 30 y 32 años de edad, y en ocasiones su soledad se veía acompañada por la visita de su hermano. Pero de ahí en fuera, sus relaciones sociales eran nulas.

El departamento que en otro tiempo estaba bien cuidado, incluso con plantas en una lata en la entrada, lucía descuidado y las matas se habían marchitado hacía ya mucho.

Los vendedores de frutas y dulces pasaban de largo por la calle Santa María, a la siguiente puerta, pensando que nadie habitaba el inmueble descuidado de la ampliación Cuatro Caminos.

SUFRÍA DEPRESIÓN

Lo que había empezado con una desgana inmensa por salir de la cama se había convertido en una enfermedad crónica. El deseo de comer se había esfumado, y a cada rato, sin ningún motivo aparente, su pecho se inundaba de una desesperante tristeza que culminaba con el rostro bañado en lágrimas.

Si hubiera ido al médico o platicado con su hermano que lo visitaba cada cierto tiempo, le habrían advertido que eso era una enfermedad llamada depresión, y que necesitaba ayuda profesional.

Pero en las horas pasadas con su hermano jamás insinuó lo que sentía, al contrario, disimulaba estar bien y sentirse contento, procurando con un esfuerzo enorme de su parte seguir la conversación.

Cuando despedía a su carnal debajo del zaguán en vez de subir con él las escaleras y acompañarlo hasta la calle, se sentía agotado. Cerraba la puerta sin mirar siquiera a que su «brother» fuera un punto en la lejanía y se tiraba en el colchón sin tender de la mañana y lloraba de nuevo, así hasta que se dormía.

Últimamente era lo que más hacía, dormir como si en el sueño encontrara cierto alivio. Sergio soñaba a veces con su madre o su padre o sus hermanos, y en el sueño era un niño despreocupado jugando sus carritos de bomberos.

SE CUELGA CON UNA LÍA

El hermano de Sergio vino a visitarlo. Es martes 19 de enero. Últimamente ha notado a su carnal cabizbajo y le preocupa que vaya a cometer una locura.

Apenas baja las escaleras de la privada, mira detrás del cristal esmerilado de la ventana y su frío recorre su cuerpo. Detrás del vidrio ve lo que parece ser el un bulto oscuro colgando en la sala.

Nerviosas, sus manos sacan una copia de las llaves de su pantalón, y empuja la puerta. Su hermanito inconsciente pende de una lía cerca de las escaleras. Como puedo lo bajó y trató de darle los primeros auxilios. Como pudo marcó al 911 por una ambulancia.

Lamentablemente, los paramédicos no pudieron hacer nada, confirmando las sospechas del hermano: su carnalito estaba muerto. Los vecinos vieron cómo los forenses subieron el cadáver a la camioneta blanca. Sergio no dejó carta póstuma.

NO PIDIÓ AYUDA

Si hubiera ido al médico o platicado con su hermano que lo visitaba cada cierto tiempo, le habrían advertido que eso era una enfermedad llamada depresión, y que necesitaba ayuda profesional.

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