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Servidor público, no empleado

Sus opositores políticos, empresariales y organizaciones “no gubernamentales”, tienen la idea y así lo han expresado, de que el presidente de la república es su empleado. Visón compartido por una parte de la ciudadanía que no simpatiza con él.

El columnista debe confesar que en un tiempo compartía esa creencia; sin embargo, ya analizado, si bien los secretarios y demás funcionarios del gabinete podrían entrar en esa categoría, el titular del Ejecutivo Federal escapa a esa condición pues se trata de un cargo de elección directa y popular, es decir, en términos teóricos por lo menos, la mayoría lo selecciona para ocuparlo y como indica el artículo 80 de la Constitución: “se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo, que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”.

En palabras simples, la ciudadanía le encarga, entre otras delicadas tareas, que la represente ante el mundo y administre los recursos del país, pero ello de ninguna manera significa que sea empleado de nadie, se trata de una posición de altísima responsabilidad y trascendencia que va mucho, pero mucho más allá de un mero empleo como simplonamente muchos de sus opositores y un sector de la población lo consideran, por supuesto, debe ser remunerado dignamente con presupuesto público alimentados en gran medida con los impuestos, de QUIENES SÍ LOS PAGAN, pues muchas veces quienes invocan ser “los patrones o jefes” del primer mandatario, son los primeros o más grandes evasores.

Volviendo al tema, el presidente NO es un empleado, es un servidor público, desde luego debe rendir cuentas y ejercer su puesto honesta y responsablemente, pero aun suponiendo sin conceder que fuese lo primero, nadie puede o debe faltar el respeto a un empleado como los hacen sus detractores creyéndose el argumento de que es su trabajador, le faltan al respeto grotesca o vulgarmente.

“CIEGO”

¿Qué les ocurre a muchos alcaldes?, hay quienes se ensoberbecen con el poder conferido por el cargo, se vuelven ciegos y sordos a las demandas ciudadanas más apremiantes y mal gobiernan la comuna a capricho y ocurrencias, algunas realmente cerriles y tontas. Es el caso del alcalde de Centro, Evaristo Hernández Cruz

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