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Opinión

Ser docente en tiempos de Coronavirus

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En marzo de 2020 impartía mi clase de Desarrollo del Potencial Creativo en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, la que he impartido por más de 12 años. Apasionada de la creatividad, mi labor ha sido buscar constantemente nuevas formas de atraer la atención de mis alumnos, nuevas formas de enseñar tratando de ser empática y de adaptarme a las nuevas circunstancias que nos presenta el mundo todos los días.

Hoy estoy a punto de cumplir 61 años; ya sé que muchos podrían decir que soy de edad avanzada para enseñar, que mis métodos quizá son obsoletos, que la tecnología seguramente me ha rebasado, que ya no entiendo a las nuevas generaciones, pero mi pasión es enseñar, no me imagino haciendo otra cosa y, como buena docente, también mi pasión es aprender, aprender todos los días, aunque sea a paso lento, leer todo lo que encuentro, libros, periódicos, revistas.

Tomo todos los cursos que puedo y trato de ir a la par de los avances teóricos y tecnológicos, pero creo que hacía mucho no me había sentido tan impotente, tan desvalida, tan desconcertada, tan vulnerable como aquel 16 de marzo de 2020, cuando las autoridades de la Facultad tomaron la acertada decisión de cerrar las instalaciones y de enviar a todo el contingente de alumnos a resguardarse en sus casas por la famosa pandemia del Covid-19, del que ya todos sufrimos algunas de sus consecuencias.

A pesar de mi edad me he preocupado, dentro de mis capacidades y habilidades, por adentrarme en las nuevas formas de comunicación e integración, pues estoy consciente de que enseñamos a las generaciones del futuro, nativos tecnológicos, por lo que, desde hacía semestres trabajaba ya con mis alumnos a través de un grupo cerrado en Facebook donde, además de ponerles avisos, les comparto materiales, videos y ejercicios a trabajar en la clase.

Con este grupo educativo, funcionando a manera de classroom digital, no tuve ningún problema para comunicarme en ningún momento y, después de la confusión, tuvo que venir la adaptación, nada fácil, por cierto.

Las dos primeras semanas y, en cuanto yo misma lograba encontrar mi centro emocional y organizaba mi actuar, recuerdo que escribí a los alumnos y les dejé alguna lectura y uno o dos ejercicios para “entretenerlos”, tratando de que ellos no se dieran cuenta de que yo también estaba nerviosa, también estaba preocupada, también estaba angustiada, por no decir “apanicada”.

En tiempos de crisis, como la que vivimos desde 2020, se conoce al verdadero maestro, al que da clases por vocación, con amor, al que verdaderamente se compromete, no sólo al que medio cumple, al que da clases porque no encontró otro trabajo mejor. Las crisis son grandes oportunidades; por eso esta crisis ha sido una gran oportunidad de crecimiento para muchos de quienes lo supimos aprovechar. Hoy sé usar Zoom, Moodle, Google Classroom, Microsoft Teams, y ya probé también las nuevas Salas de Facebook. Di un brinco tecnológico. Hoy la educación necesita, requiere replantear los modelos educativos bajo los cuales se rige y bajo los cuales se regirá de ahora en adelante.

La educación en línea llegó para quedarse.

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