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Se empieza por casa

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Vivimos en un país caótico, y no necesariamente se puede culpar al gobierno.

 

¿Cuántas veces en fecha reciente ha visto usted personas estacionadas bajo una banderola de NO estacionarse? ¿O en doble fila, lugares para discapacitados, o en los que la más mínima consideración, lógica y decencia indican que no es correcto? A eso sume usted gente que tira basura en la calle, daña la señalética urbana, se avienta para pasar primero en una rotonda o en calles sin semáforo; o recuerde usted la última vez que estuvo mucho tiempo detenido en el tráfico, debido a que al solo haber un carril por reparaciones se hace un desastre vial, ya que todos quieren pasar primero, generando que NADIE pase.

Vivimos en un país caótico, y no necesariamente se puede culpar al gobierno, más bien a nosotros mismos como ciudadanos, como entes que queremos hacer las cosas cuando queremos y como queremos, sin tener consideración por los demás. E l centro del problema tiene dos frentes: 1) La falta de formación y educación en la casa y la escuela respectivamente, y 2) la falta de consecuencias. Esto último sí es responsabilidad en gran medida de la autoridad.

Si bien no puede ponerle un policía a cada persona para asegurar que se comporte de forma cívica y decente, si debe tomar las medidas para que romper la ley sea difícil y caro, pero sobre todo asegurar que haya consecuencias, sin que una “mordida” destruya el sistema completo. Hemos hecho de la corrupción un modo de vida, bajo la miope y engañosa visión de que ésta favorece a todas las partes y acelera el trámite.

Al final lo único que se vive es un sistema que opera bajo esta premisa y en la que proliferan los malos. En este punto nos encontramos sin que podamos mirar ya hacia otro lado. Esta semana que culmina he visto todos los días vehículos estacionados justo debajo de la misma banderola de NO Estacionarse, personas cruzando la calle justo debajo del mismo puente peatonal, y casi fui agredido por reclamarle a alguien de forma decente que no tenía el derecho de bloquear el acceso y salida de un estacionamiento completo, solo porque “quiere” pagar en la máquina sin importarle nada más. La cosa está en que la gente dice: “no te quejes”, “ya no digas nada”, mientras el país es un desastre desde hace décadas porque los buenos callan ante la proliferación de los malos.

El cambio comienza en nosotros, desde la casa y la escuela, mientras que la autoridad debe cumplir su parte de levantar el auto que diario se estaciona en el lugar prohibido, porque sabe que hoy NO hay consecuencias.

 

Hemos hecho de
la corrupción un
modo de vida, bajo
la miope y engañosa
visión de
que ésta favorece
a todas las partes.

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