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LUZ ALBEYDA DIONISIO JIMÉNEZ

Se contagió cuando iba a la tienda; no usaba cubrebocas

“Salí a comprar lo necesario; creo suponer que me contagié en el trayecto o con las monedas que no desinfectaba”.

VILLAHERMOSA.- Luz Albeyda Dionisio Jiménez, una profesionis­ta dedicada a la fotografía periodís­tica es vencedora del Covid-19, pero todavía batalla con las secuelas que le dejó la enfermedad.

Aunque la prueba del Corona­virus salió negativo, todavía tiene dificultades para respirar porque le quedó dañado el pulmón derecho.

Afirma que por eso prefiere per­manecer en casa en tanto sigue el proceso de recuperación.

Manifiesta que no tuvo la necesidad de ir al hospital y está agradecida por la muestra soli­daria de sus colegas de medios de comunicación, quienes ex­ternaron su situación de salud y la Secretaría de Salud se puso en contacto con ell para apoyarla. Hoy nos platica que el Corona­virus es una enfermedad que no le desea a nadie.

 

¿Qué se siente ser un paciente Covid?

Hace ocho meses, en diciembre, me dio bronquitis aguda. Pensé que había dejado secuelas porque pri­mero tuve dolor de garganta, des­pués de cabeza.

Debido a ello tuve la necesidad de ir al doctor; el especialista me dijo que eran síntomas del Covid, porque en cuatro días empezó la fiebre.

El dolorcito de garganta se acre­centó, sentía como si me picaran con agujas, era terrible.

Además tenía un intenso dolor de cabeza; sentía como si tuviera inflamado el cerebro.

De los cinco a seis días de que se presentaron los primeros sínto­mas, sentí cómo se me empezó a ce­rrar el pecho y tenía un fuerte dolor de espalda.

No me percaté que fuera el vi­rus, porque cuando empezó la pan­demia no salía, solamente iba a la tiendita de la esquina.

 

¿Cómo crees que te contagiaste?

Las únicas veces que salí fue a la tienda a comprar lo necesario, creo suponer que fue con el dinero o en el trayecto hacia la tiendita.

Mi esposo salía a trabajar, de­jaba afuera la ropa, se supone que estábamos al cuidado. Afortunada­mente mi esposo no sacó ningún síntoma, nunca tuvo contagio.

Así que pienso que fueron por esas dos vías que me pude haber contagiado: por el dinero que me daban de cambio o por el mismo aire que respiraba en el trayecto ha­cia la tiendita.

 

¿Te hospitalizaron?

No, porque cuando le pedí apoyo a mis compañeros de los medios de información, que necesitaba un tanque de oxígeno, me ayudaron a conseguirlo.

Tenía miedo ir al hospital; te confieso que mi mayor miedo era no volver a salir.

Yo pensaba que si iba a morir que fuera en mi casa. Aunque debo decir que gracias a Dios mi salud no empeoró más de lo que ya estaba.

 

¿Cómo venciste el Covid?

Me daban muchos tés; a cada rato los tomaba muy caliente. El típico té de cebolla, jengibre, limón, casi los 20 días.

Gracias a Dios eso me ayudó bastante, es parte de mi salvación.

También debo agradecer a mi esposo. Siempre estuvo ayudándo­me, al grado de perder su empleo.

Además de los remedios case­ros, también tomé aspirinas; cuan­do no se me controlaba el dolor del pecho, masticaba dos aspirinas, y me tranquilizaba.

Porque del dolor del pecho, ca­beza, cuerpo, tenía momentos de taquicardia.

También tomé esteriodes para que los bronquios de mi pecho se abrieran y pudiera respirar más oxígeno.

Otro de los medicamentos que tomé fueron Paracetamol, Beta­metasona, Ivermectina y Azitro­mecina.

También quiero comentar que no me daban ganas de comer, pero comía caldito de pollo con verduras, atolito, para tener fuer­zas. Cuando me bañaba lo hacía con agua asoleada, una vez al día, y cuando tomaba algún agua dulce, lo endulzaba con miel de abeja.

 

¿Qué mensaje le das a las perso­nas?

Primero, que se cuiden. No porque ya estemos en el semáforo naranja vamos a bajar la guardia.

Guardemos la sana distancia, usemos el cubrebocas cuando este­mos en la vía pública.

Yo, como había dicho, posible­mente me contagié en el trayecto de ir a la tienda, porque ahí no lle­vaba cubrebocas, o tal vez pudo haber sido por las monedas que no desinfectaba.