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Director Miguel Cantón Zetina
DOÑA ‘VILLITA’

Sanó durante 45 Años de ‘espanto’ a paraiseños

A través de 9 ensalmos, con cocohite o albahaca, podía diagnosticar el mal que afligía el alma.

PARAÍSO. Virginia de la Cruz Her­nández, nació el 18 de febrero de 1945 y junto con su amado espo­so fundó el ejido San Sebastián, en Las Flores primera, donde procreó 8 hijos. Su don espiritual la llevó a curar sustos o espantos de personas pequeñas y grandes, hasta volverse muy popular en su natal municipio y más allá.

‘Doña Villita’ como cariñosa­mente la llamaban, ejerció duran­te 45 años el oficio de yerbera del pueblo, dedicándose a ensalmar, principalmente a recién nacidos enfermos de calentamiento de ca­beza, cuyas madres de los infantes acudían desesperadas hasta su vi­vienda para que los sanara.

A través de 9 ensalmos, ya fuese con cocohite o albaca, podía diag­nosticar el mal que afligía el alma del cuerpo y procedía a recetar plantas medicinales para reme­diar el padecimiento. “Mi abuelita ha sido la doctora de sus 28 nietos, pues cuando nos sentimos mal rá­pidamente venimos con ella y nos receta algún té, también siempre nos aconseja”, expresó Bertino Palma, uno de sus tantos nietos.

La ‘Tía Villita’ como solía llamar­la su parentela, también daba masa­jes en el vientre a las mujeres emba­razadas que tenían mal acomodada la criatura y que de no tratarse po­drían tener complicaciones a la hora del parto; asimismo predecía el sexo de la criatura que iban a dar a luz.

Igualmente ‘abría pescuezo’ a quienes tenían poco apetito, aliviaba dolores musculares y de caderas; por todo esto recibía de manera voluntaria unas cuantas monedas o bastaba con que el pa­ciente dejara una veladora en el altar donde tenía las imágenes de un Cristo, la Virgen de Guadalupe y del Niño Doctor a las que se enco­mendaba antes de atender a quie­nes acudían en su auxilio.

Generaciones tras generaciones recibieron la atención de la veterana mujer que expresaba las frases: “Con Dios vayas y con Dios regreses hijo” o “Ya te vas a curar en el nombre de Dios” la cual lamentablemente falle­ció a los 77 años de edad, a consecuen­cia de un infarto a miocardio que la sorprendió en el interior de su mora­da construida a base de palma de coco en los tiempos de la pandemia.

Su cuerpo fue velado normal­mente, pero debido a los proto­colos de salud no pudieron acudir y despedirse las decenas de per­sonas que la conocían para evitar aglomeraciones, por lo que única­mente sus funerales se efectuaron entre sus familiares mas allegados.

Ella, era de las ultimas yerberas tradicionales que sobrevivían en esta localidad dedicadas a la atención de los infantes, ahora solo queda “Doña Martha” en el centro de la ciudad.