Grupo Canton
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Director Miguel Cantón Zetina
El joven obrero sufrió 7 fracturas que lo mantienen postrado en cama.

Salvó la vida, espera volver a caminar

José Alfredo sufrió siete fracturas cuando un tensor de la grúa que manejaba se rompió y la estructura de izaje se vino abajo. Su familia pide ayuda para un reposet.

José Alfredo no empezaba nunca una jornada laboral sin hacer una oración de gracias, era como un ritual que le daba fuerza. El joven operador encendió la pesada uni­dad Link Bel LS-118 para comen­zar a maniobrar con la pluma los enormes armados de acero.

El ruido de las máquinas y el choque de las estructuras de acero parecían un concierto in­dustrial sobre la animada aveni­da Universidad, casi esquina con Ruiz Cortines.

A José Alfredo no parecían molestarle aquellos sonidos, al contrario se sentía bendecido de tener un empleo y poder ayudar a su familia, sobre todo a su padre, que ya estaba grande y aún seguía trabajando.

A las nueve y media de la ma­ñana de aquel jueves ocurriría algo que nunca le había pasado a José Alfredo. Estaba moviendo la pesada pluma cuando de pron­to un sonido ensordecedor se expandió por la redonda, los za­nates de los árboles elevaron su gritería y salieron despavoridos.

Uno de los tensores de la es­tructura de izaje se reventó y el brazo de la grúa se precipitó sobre avenida Universidad, ca­yendo sobre cuatro vehículos que estaban detenidos por el semáforo en rojo: un taxi rosa­do, número 030, con placas de circulación 21-33VWG; otro taxi amarillo número 1717, con pla­cas de circulación 17-74-VWG, un Tsuru particular y un último taxi de la ruta a Pomoca.

Rápidamente los trabajado­res de las cuatro empresas que realizan la obra de un distribui­dor vial –Constructora Santan­dreu, S. A. de C. V., Armadora Tabasqueña, S. A. de C. V., Ope­raciones Sureste, S. A. de C. V., y Cimentaciones y Puentes, S. A. de C. V.– auxiliaron a dos he­ridos, que milagrosamente vol­vieron a vivir, pues dos unidades quedaron totalmente aplastadas del toldo, parabrisas y medallón.

VOLVER A VIVIR

José Alfredo que estaba en la ca­bina de la grúa cuando se venció el brazo, fue rebotando por los costados de la cabina hasta que el enorme equipo se quedó in­móvil. Por la fuerza del impacto, se fracturó la columna, la pierna y los brazos.

Sin perder tiempo, el equipo de paramédicos lo trasladó a la Clínica Guadalupe, donde fue va­lorado antes de ser intervenido.

Después de convalecer, el jo­ven operario regresó a su casa, postrado en una cama especial que la empresa le proporcionó. Ahora debe hacer terapia para volver a recuperar la movilidad.

Su hermano, que lo acom­paña en el cuarto medio pinta­do de verde, junto a un ropero abierto, solicita la ayuda de las autoridades. «José Alfredo ne­cesita un sillón reposet porque dentro de dos semanas empeza­rá sus terapias. Nosotros somos familia de bajos recursos y no tenemos para comprar el si­llón», explica el hermano, quien confía que el DIF estatal o la propia empresa los ayuden.

El joven operario no pierde su fe, sabe que lo ocurrido el 17 de septiembre fue como si vol­viera a nacer.