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Teresa isidro Olán y don Benigno quedaron hermanados por la inundación en la colonia Gaviotas; socorrerlo fue un gran aliciente de vida.

Centro

Salvan vecinos a don Benigno… con todo y sus muletas y triciclo

Cuando al hombre de 57 años le era imposible salir a tiempo de su humilde hogar con las aguas invadiendo su humilde hogar, llegó Teresa y su esposo a sacarlo, y lo refugiaron con su familia.

HISTORIAS SALPICADAS DE… FRATERNIDAD

CENTRO, TABASCO.- Teresa Isidro Olán y su esposo José Luis Sánchez brindaron apo­yo a sus vecinos durante las acia­gas horas de la inundación que se vivió en días pasados en la colonia Gaviotas.

Ella recuerda que en la zona hay mucha necesidad, tanto eco­nómica como espiritual.

“Cuando nos avisaron que el agua entraba a raudales en la colo­nia, me acordé de Benigno, él es un vecino que camina con muletas y se transporta en un triciclo; cuan­do lllgamos por él, mi esposo y yo, el nivel del agua ya era alto,eso no nos atemorizó y como es una per­sona que no tiene familia, lo reci­bimos en nuestra casa,” recordó Teresa.

Debido a su condición, le era imposible salir a tiempo de su casa antes de que esta se anegara com­pletamente, y ni hablar de levantar la pocas pertenencias que posee, realmente la estaba pasando difícil.

Mientras sus vecinos se resca­taban por sí solos y aseguraban su propio bienestar, él estaba a la espe­ra de que un milagro sucediera.

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Y agregó: Nosotros no lo íbamos a dejar solo , incomunicado. Lo lle­vamos a casa y ahí lo atendimos.

 

 

Benigno Guzmán tiene 57 años de edad de los cuales 25 ha vivido en Tabasco.

“Nunca pensé vivir una situa­ción así, la verdad que yo le doy gra­cias a Dios que mandó gente buena para que me ayudaran”, expresó.

Teresa recuerda que a don Be­nigno lo sacaron en el mismo tri­ciclo que maneja para ganarse la vida. Ahora que ya bajó el agua ha regresado a su humilde morada y recibe el apoyo de sus otros veci­nos.

Fue ahí que el señor Benigno se dio cuenta de que las personas ge­nerosas existen y que los buenos corazones se encuentran en aque­llas de las que menos se espera.

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Seres humanos con una empa­tía sin distinción, con el deseo de apoyar a todos los que lo necesiten y a los que no, igual, cambiando su entorno más cercano.

El señor Benigno agradece infi­nitamente, no sólo a la señora Te­resa por tan generosa acción, sino también a su familia por abrirle las puertas de su casa y brindarle la mano cuando nadie más lo hizo.

Sin duda alguna, les desea las mejores de las bendiciones para que puedan seguir ayudando a una infinidad de personas.

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