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Director Miguel Cantón Zetina

‘Salsipuedes’ acorraló a la Constitución

Ejército, protección civil y trabajadores el municipio, surcaron aguas crecidas y sin luz, en busca de los afligidos habitantes.

BALANCÁN.- Era de madrugada, casí las dos de la mañana del jueves cuando el murmullo de la gente comenzó acelerarse y lanzaban lamparazos hacia la calle principal totalmente inundada.
A lo lejos y en la total oscuridad, escuchaban el inconfundible ruido de un motor de lancha, tal vez varios. Sabían que se trataba de ayuda pero no podían ver nada. Se acurrucaban entre ellos en un escueto pedazo de tierra encharcada, en el alerón de una casa. Todos los niños en brazos lloraban exigiendo su cama para dormir, incrementando sin querer, la angustia de las mujeres que le sostenían en brazos, protegiéndolos del frío y la fuerte lluvia.

A pocos metros de ellos, el agua comenzaba a elevarse cada vez más desde la punta de los pies hasta poco antes de la rodilla, cuando por fin, escucharon gritos llamando a la gente. Era personal de Protección Civil y del ejército que asomaban en grandes lanchas, mientras la lluvia, seguía mojándolo todo y subiendo el nivel sin detenerse.

“Llegamos por la parte de la carretera federal porque por el lado de adentro es imposible llegar incluso ahorita que ya está bajando el agua” dice un elementos de Protección Civil, quien asegura que cuando bajaron de la embarcación se encontraron con una escena impactante, al ver poco más de 200 personas apretujadas, en un pequeño espacio, mientras cargaban a sus pequeños y adormilados hijos, ansiosos de ayuda.

 

“Cuando salí de casa, el agua me llegaba al pecho”

Gregorio García Mateo, delegado municipal de la comunidad reveló que el miércoles por la mañana, la corriente de agua estaba a más de 100 metros de su casa y decidió ayudar a una familia llevándola del otro lado del arroyo, sin embargo, cuando regresó a su domicilio, el agua ya tocaba la puerta.

“Fueron momentos desesperantes, en lo que subíamos las cosas a lugares más altos cada segundo subía más y más, y cuando salí de mi casa ya el agua me daba hasta el pecho” agregó don Gregorio.