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El Hijo del Dr. Wagner Jr.

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Salió pintito

De padres luchadores: Rosy Moreno y Dr. Wagner Jr., era casi cantado seguir la tradición familiar, porque es de abolengo luchístico.

Rodrigo Mojica

Grupo Cantón

CIUDAD DE MÉXICO.- La última respuesta es el contexto general de toda la charla, pues aun pareciera que, el ser luchador, para muchos no es la mejor decisión: “sí, definitivamente, mil veces”, responde El Hijo del Dr. Wagner Jr, cuando esa pregunta de cierre gira en torno a la decisión de seguir la tradición familiar.

Integrante de una estirpe de abolengo luchístico, el tercero de la generación del Galeno del Mal, hace un recuento, una regresión, porque igual el hecho de ser hijo de figuras no te garantiza que todo serán vítores y alegrías; sin embargo, asevera sobre lo mismo, esto es lo suyo, el andar en sus 29 años siempre estuvo inmerso en lo que conlleva ser parte de algo tan arraigado en México como lo es el pancracio.

“En algún momento tuve dudas, ya que llega la adolescencia te revelas, odias a tus padres, no les quieres hacer caso, piensas que son tus peores enemigos, y en ese momento dudé un poco.

“Pero no, yo desde chiquito, si este ring hablara (Azteca Budokan), yo te podría decir que desde que tengo un año yo me aventaba mis primeros topes, así que para mí es mágico estar en este lugar, reitero, a lo mejor en la pubertad hubo revelación de mi parte, pero la misma vida y tu misma familia te hace regresar a las riendas, y yo nací para ser luchador”, comparte en entrevista con Grupo Cantón, en el sitio que bien podría apuntar como su cuna en esto de los costalazos.

RENUENTE

Las líneas que parecen automáticas cuando la lucha libre se convierte en una forma de vida, en este relato tuvieron esas interrogantes, porque el ídolo, la figura a seguir, se empecinó en que sus vástagos cambiaran el rumbo, las formas.

“Empecé a entrenar por ahí de los ocho a los diez años, a veces lo dejaba por la escuela, pero de los 12 a los 18 ya estuve practicando con más dedicación, y en esa mayoría de edad yo le digo a mi papá (Dr. Wagner Jr.) que quiero ser luchador, pero él no me apoya, me dijo que no, porque él quería una carrera, entonces mi respuesta fue: ‘sabes qué, no, a mí no me gusta la escuela’; esa es la realidad, no me gusta, entré a la universidad, no es algo que yo quise, me salí, y le dije que yo sería luchador.

“Como no estaba de acuerdo, me dijo: ‘no cuentes conmigo’, y entonces mi madre (Rosy Moreno) fue la que me apoyó, debuté con el Hijo del Perro Aguayo, y desde ahí comenzó mi historia”.

 

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