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Macuspana

Rodeados de petróleo y en la pobreza

Para Sarlat, la explotación del energético ha resultado en calamidades para sus cultivos, ganado y agua.

SIMÓN SARLAT, MACUSPANA. Como sus ancestros, Evaristo Arias Hernández camina hacia la poza a cielo abierto y con unos bidones y una palangana de plástico —sus ancestros lo habrán hecho con jícaras y latas de aluminio— saca un líquido viscoso color morado. Para no caer en la charca, cubierta de unos tubos de cobre de 20 centímetros de diámetro aproximadamente, Arias Hernández y los demás vecinos de la villa de Simón Sarlat se apoyan sobre ellos.

CURAN LA MADERA

El combustible crudo les servirá para curar la madera o como ungüento, con a la llegada de la electricidad ya nadie lo usa para iluminarse, aunque algunos conserven arrumbados y polvosos lo apreciados quinqués de sus padres o abuelos

SACARON RIQUEZAS

Como sus padres y abuelos, don Evaristo ha visto a compañías petroleras asentarse en la región, derribar árboles para instalar sus oficinas y pozos y explotar el crudo, si ha habido riqueza sacada literalmente de este lugar, ésta no se ha quedado aquí.

“AUN, RESPIRA”

“Nadie ha podido explotar el yacimiento, tan luego entran a perforar tiembla la tierra y empieza a hundirse la maquinaria, por eso, ahora nadie quiere arriesgarse y continúa abierto el respiradero”, cuenta el nativo.

Asegura que debajo de la tierra, ese líquido que ha sido una bendición ara unos cuantos, para ellos ha sido «puras calamidades».

Los cultivos para autoconsumo como el maíz, el frijol y la calabaza han mermado el rendimiento, aparte de que se impregnan de un sabor a combustóleo. Los pescadores también han visto afectado su sustento de vida porque la emanación del energético corre hacia la laguna del mismo nombre. Las vacas se mueren cuando consumen la mezcla espesa.

POBREZA EXTREMA

Pocas casas hay a la redonda construidas con materiales duraderos, la mayoría de los mil 200 habitantes de la comunidad vive en zonas habitaciones levantadas con madera y láminas de zing, y las cocinas están hecha de palos y guano.

“Cuando nací, hace 70 años, mis padres utilizaban el crudo para alumbrar las noches, el quinqué era el utensilio que no faltaba —cuenta nostálgica—. Eran otros tiempos, se caminaba a pie a todas partes, los caminos que cruzaban eran brechas”.

SE ACABÓ EL AUGE

Con la llegada de Pemex, “se levantaron hace más de 30 años escuelas, centros de salud, apoyo a pequeños productores y el asfaltado de los caminos. «Esa labor que hacía la petrolera ya no se refleja, ya no hay obras sociales, aunque siguen explotando nuestro petróleo. Había empleos, ahora ya ni eso”, argumenta el joven macuspanense.

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