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Director Miguel Cantón Zetina
La casa del dueño de una taquería que allanaron para quitarle 20 mil pesos y matarlo.

Roban, matan y violan a niña en Huimanguillo

Cuatro hombres se introdujeron a la casa de un taquero del poblado C-31 para quitarle 20 mil pesos, un Tiida y una moto Italika. No se conformaron con eso.

HUIMANGUILLO, Tabasco.– La maldad del hombre es tan gran­de que hasta al mismo Diablo queda apabullado. De qué otro modo puede entenderse que, además de robarle al viejo el di­nero ganado con el sudor de tu frente, se ensañaran con lo que más quería: su carne y su sangre, su pequeña hija.

Como un venado, los asal­tantes lo cazaron. Sabían que El Zurdo –como era conocido en el poblado C-31, quien respondía al nombre de Alfredo Montejo Gamas– levantaba su puesto de tacos antes de la medianoche.

Un halcón, alguien que estaba dentro de un vehículo estaciona­do cerca del localito que El Zurdo junto a la iglesia católica del lu­gar, alguien que parecía sólo estar enviando mensajes por su celular y no vigilando los movimientos del taquero, dio la alerta.

El hombre de 72 años cerró el puesto y se encamino como todos los días a su casa, donde lo esperaba como siempre Audolia Sánchez, su señora esposa, y su pequeña, de tan sólo 13 años. Su casa no estaba lejos, quedaba en la llamada zona Verde, atrás del bar los Ángeles. Así que no tardó en llegar.

Se sentía cansado que no se dio cuenta que a cierta distancia le seguían los pasos. Todos los días se fregaba el espinazo, pero no lo lamentaba, tenía dos razo­nes para vivir: su compañera de toda la vida y el tesoro que era el resultado de aquella relación tardía.

Apenas se introdujo a su casa, empezó el alboroto. Cuatro hom­bres se introdujeron al hogar haciendo uso de violencia. Los moradores del hogar, despreve­nidos, no pudieron hacer nada.

Con unas cuerdas ataron a El Zurdo, a doña Audolia y a la pe­queña, que empezó a llorar de ver a sus padres maniatados.

–Danos el dinero, todo lo que tengas, sino lo lamentarás –amenzaron.

El Zurdo vio que los hombres no bromeaban, así que les entre­gó la venta de aquel día: unos 20 mil pesos.

–No te hagas –gritaron enfu­recidos–. Entréganos todo lo de valor que tengas sino tu mujer y tu hija sufrirán las consecuen­cias. Doña Audolia y su hija no podían gritar porque estaban maniatas y tapadas de la boca. Pero de sus ojos llenos de terror escurrían lágrimas.

El Zurdo entregó las llaves de su vehículo, un Nissan línea TII­DA, con número de serie 3N1B­C13G68L371468, y una moto­cicleta Italika color azul, con la que su hija y su mujer hacían la compra, con tan de que los cua­tros intrusos los dejaran en paz y se marcharan,

En vez de eso, tomaron a la menor de edad, y para terror de la pequeña, empezaron a abu­sarla. De nada valieron las súpli­cas del taquero, que era el único que no tenía cubierta la boca.

Como comenzó a gritar, uno de los hampones le disparó a boca de jarro, en la cabeza. El cuerpo de El Zurdo quedó inerte en la madrugada. Los malditos criminales huyeron con el botín por los bancos de Arena del po­blado C-31.

Como pudo, doña Audolia se desató y pidió auxilio a sus veci­nos, quienes llamaron a la policía. No tardaron en entrar a la escena del vil crimen elementos de la Fis­calía general del estado, quienes dieron fe del levantamiento del cuerpo del infortunado hombre.

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