Síguenos

¿Qué estás buscando?

Tabasco

Rescató de la creciente lo más valioso: a sus hijos

Junto con su esposo sacaron a sus hijos luego que la inundación llegó hasta su vivienda en la ranchería El Cedro, Nacajuca.

Esperanza Ramón, una mujer llena de valentía, coraje y determinación, en medio de la inundación sacó a sus hijos sin importarle perder su patrimonio; su esposo, es un enfermero que está al cuidado de otros niños en el hospital ‘Rodolfo Nieto Padrón’.

Pese a la pandemia, viven felices con sus tres pequeños hijos con lo poco que tienen, sin saber que no podrán recuperar tan rápido sus enseres, ya que no fueron tomados en cuenta en el censo de la Secretaría del Bienestar, a pesar de que se fueron al agua en dos ocasiones.

La vivienda de la familia Cupido Ramón se encuentra en un área de difícil acceso en la ranchería El Cedro, Nacajuca, las inundaciones se encargaron que la entrada a la propiedad aún fuera más complicada y ahora el único camino es por en medio del panteón de la comunidad, cuya aguas desbordadas del Carrizal se contaminaron por su paso en el camposanto para luego entrar a la casa de Esperanza.

“En ese panteón han enterrado a gente que murió por Covid, incluso algunas de las tumbas no eran cerradas adecuadamente, el olor se podía sentir y esa misma pudrición se vino cuando nos entró el agua, no me quedé a pensarlo, mis hijos no podrían pasar por todo eso, por eso a como pude los tomé y me los llevé”, comenta doña Esperanza.

 

 

“La felicidad de mis hijos está por encima de cualquier desgracia y por ellos esto pasará y saldremos adelante sin ningún problema”.

 

CON EL AGUA A LAS RODILLAS

Sin voltear atrás, la mujer logró salir con el agua hasta las rodillas de su vivienda cargando a sus tres hijos, su esposo la alcanzaría en la carretera para poner a salvo a sus vástagos, luego entrar de nueva cuenta a su domicilio e intentar salvar algunas cosas, pues tenía que regresar al hospital al cuidado de los niños enfermos.

“No tuvimos tiempo, no sabíamos que tanto iba a subir el agua, por eso solo levantamos cosas y volvimos a salir, regresamos varios días después, el nivel ya no subió pero la pudrición de los cuerpos que están en el panteón apestaba en toda la casa y los muebles, los colchones estuvimos a punto de tirarlos, pero no sabíamos que iba a parar todo esto, mejor los sacamos a que les diera el sol”.

 

 

El estado de ánimo de los padres había decaído cuando terminó el censo, sus casa había alcanzado los 30 centímetros dentro de la sala y no fueron tomados en cuenta, no tenían dinero para comprar otros muebles, los colchones fueron regresados a dentro luego de ser lavados,-”si los ven, aún siguen parados, porque no se les quita el moho, pero nonos queda de otra”.

Los pequeños aprovechan a jugar en la moto que no se llevó su padre al trabajo, ellos no lo saben pero fue dañada por la creciente, el comedor aún se orea en el patio convertido en un terreno fangoso, aún se percibe el olor a podrido que proviene del panteón, pero doña Esperanza sonríe desde la puerta de su casa, la felicidad de sus hijos está por encima de cualquier desgracia y por ellos, dijo: “esto pasará y saldremos adelante”.

Te puede interesar

Advertisement