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Tabasco

Recorren migrantes un camino infernal

Un colombiano y un hondureño huyeron de su país y decidieron enfrentar los peligros de una ruta de secuestros, asaltos y muerte.

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TABASCO.- De violencia y miedo son las historias de inmigrantes en su travesía por la ruta del infierno para llegar a la frontera de México y los EU, muchos de ellos víctimas del crimen organizado que los ven como presa fácil para quitarles el dinero, secuestrados y hasta asesinados.

Inseguridad, desempleo y una vida precaria es de lo que huyen los indocumentados, en su gran mayoría centroamericanos, emprendiendo un camino difícil y peligroso, caminando por carreteras, montañas, selvas, en autobuses, trenes y hasta lanchas.

Cristian Ochoa Aguilera salió de Honduras el 14 de junio pasado. Lleva más de tres semanas de recorrido pasando hambre, sufriendo las inclemencias del tiempo y librando peligros.

“Es peligroso, pero era peor si me quedaba; cometí el error de enamorarme de una muchacha, pero yo no sabía que era novia de un pandillero, luego supe que me andaban buscando, me querían matar, por eso me fui y mi amigo Josué que también aprovechó el viaje”, dijo el hondureño.

AMIGO SE REGRESA

Los peligros del camino hicieron que su acompañante desistiera de segui. Pasando por Chiapas, casi en los límites Tabasco, el grupo en el cual viajaban, fue abordado por un grupo de hombres armados; Cristian y Josué apenas lograron escapar.

“Vimos cómo bajaron de la camioneta y le dispararon a los de adelante, mi amigo y yo nos tiramos al monte y corrimos, cuando llegamos a Salto de Agua, Josué me dijo que se regresaba”.

En su travesía conoció a Julio Mario, originario de San Pedro Sula, quien t i e n e d o s semanas viajando, pero al igual que Cristian, ha sentido el terror de atravesar México y Guatemala.

“Entre los mismos paisanos se matan; me tocó atravesar la selva de Guatemala, es horrible pasar por ahí, solo se escuchan los gritos y disparos, no quiero volver a pasar por ahí”, recordó.

SE QUEDAN EN TABASCO

Hay quienes han desistido del sueño americano y se han arraigado en Tabasco, como José Luis Córdova Hernández, de 40 años de edad, quien desde hace 15 años radica en la entidad tras conocer a su esposa Jazmín con la cual procreó tres hijos. “A mí me sacaron de Bogotá, Colombia, desde que tenía 10 años, porque la guerrilla me iba a reclutar”.

Migrante logra justicia para su hija

Al escuchar la sentencia de la juez, Leocadia sintió que le quitaban una losa de la espalda. Esa sensación de alivio, en segundos se transformó en un dolor profundo; sintió que iba a desfallecer. Frente a ella estaba el hombre que cobardemente asesinó a su hija, desapareció su cuerpo y fingió un secuestro.

El Feminicida de Ledimil Liriano escuchaba al mismo tiempo su condenada: 50 años de prisión, multa y el pago de los gastos de exhumación e incineración de los restos de la joven.

De esta manera terminaba para Leocadia, de República Dominicana, pero radicada en Costa Rica, un largo peregrinar por las oficinas del Ministerio Público, de la policía, juzgados y despachos de abogados. Se había hecho justicia para su hija, víctima de maltrato y violencia.

La dominicana busca ahora la patria potestad de su nieto.

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