web analytics
Síguenos

¿Qué estás buscando?

(Foto: Agencia)

México

Rechaza extorsión y lo desmiembran

Comerciante es sacado de su casa el 8 de septiembre y aparece descuartizado cinco días después. Se negó a pagar «derecho de piso».

CANCÚN, QUINTA­NA ROO.— El traba­jador del vivero había visto torsos así pero sólo en tiendas para caballeros, donde exhibían ropa en venta. Pero aquello con lo que se había topado la mañana del 13 de sep­tiembre camino al trabajo no se parecía ni remotamente a lo que había visto: un torso humano de verdad, sin cabeza, ni brazos, chorreando sangre fuera de la bolsa donde lo habían metido.

El pobre hombre se llevó la mano a la boca para contener las arcadas y dio unos pasos atrás sobre el camino de terracería en la avenida Guayacán. Junto a aquel torso estaban otras dos bolsas más, que comenzaban a atraer moscas. Sacó su celular del pantalón y llamó al 911 para reportar el hallazgo de un cuerpo desmembrado en la delegación Alfredo A. Bonfil.

Cuando arribaron los peritos de criminalística, el área ya había sido resguardada por agentes de la patrulla 5738. En las otras dos bolsas negras, los investigadores reportarían el hallazgo de «dos piernas» y la cabeza desmembra­da, junto con los dos brazos.

Por los rasgos de la cara toda­vía reconocible —«frente amplia, cejas gruesas y pobladas, ojos medianos con nariz mediana base ancha», pero sobre todo por la «barba y bigote abundante»— se pudo sospechar que se trataba de Alfredo Iván «N», reportado como desaparecido cinco días atrás, junto a su hermano. De éste último nada se sabe.

 

 

SACADOS DE SU CASA

Advertisement. Scroll to continue reading.

Seis marrazos y dos disparos al cerrojo de la reja bastaron para que tres desconocidos con ar­mas de alto poder ingresaran a las 11:27 de la mañana —del día martes 8 de septiembre— al do­micilio del joven comerciante Al­fredo Iván «N». Sus movimientos rápidos y coordinados revelan experiencia en este tipo de ope­raciones, como si fueran policías entrenados. Empero, ninguno viste uniforme, uno de ellos trae unos tenis, sudadera y hasta go­rra de beisbol. Afuera, montado en medio de la calle 69, cerca del vehículo rojo donde llegaron, esperaba impaciente uno de los secuaces con arma en mano. Sus compinches apenas si tardaron un minuto con 15 segundos, pero para el de la retaguardia fue un tiempo eterno. Los tres de avan­zadas salen rápidamente del do­micilio ubicado en la Región 232; los dos de adelante traen cada uno a un rehén: Alfredo Iván y su hermano. Los sacan con las ma­nos atrás. A los carnalitos no les han dado tiempo ni de ponerse los zapatos: uno de ellos sale des­calzo, el otro en sandalias, ambos traen bermudas y playeras casua­les ¿Para qué? Si su suerte ya está echada. Angustiados por desco­nocer el paradero, la familia de Alfredo Iván y su carnalito difun­den la grabación de la cámara de vigilancia instalada en el domici­lio con el fin de obtener noticias del secuestro.

Trasciende que los consanguí­neos eran comerciantes y dueños de locales que los habían amena­zado de muerte sino pagaban el mal llamado «derecho de piso». Los malévolos cumplieron su amenaza. No hay detenidos.

Te puede interesar