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Director Miguel Cantón Zetina

Reactivan ‘goteros’ comercios

Ambulantes, locatarios y emprendedores pagan hasta $18 mil al mes por un préstamo inmediato de $10 mil para sus negocios.

Tras el cierre de comercios obli­gado por la pandemia de Co­vid-19 y ante la falta de opciones, vendedores ambulantes, peque­ños comerciantes y locatarios de mercados públicos, recurren a préstamos ‘gota a gota’ con los llamados colombianos, con quie­nes no sólo deben pagar elevados intereses, sino que podrían estar poniendo en riesgo su vida.

A decir de los propios comer­ciantes, los colombianos están dedicados a prestar dinero rápi­do, sin garantías, sin aval y con el pago de pequeñas cuotas, pero con altísimos intereses que se ha­cen en muchos casos imposibles de pagar.

En ese sentido, desde boleros, semilleros, fruteros y demás ven­dedores ambulantes en el Cen­tro Histórico, han recurrido a los préstamos ‘gota a gota’ para reac­tivar sus negocios, pues para ellos no hay créditos bancarios, ni apo­yos del gobierno y encontrar otra fuente de empleo, no es tan fácil en medio de la crisis económica generada por la emergencia sani­taria.

“Por cada mil pesos prestados tienes que pagar 60 pesos diarios; por dos mil, 120, y por tres mil, 180 y así sucesivamente, los pagos se tienen que hacer semanalmen­te, cada quincena o mes, como lo hayas acordado, pero si hay re­traso empiezan las extorsiones y amenazas hasta de muerte”, ex­presó Pedro N, locatario del tian­guis campesino de Villahermosa.

 

CLIENTELA INTIMIDADA A SOLICITAR UN PRÉSTAMO

Son los pequeños comercian­tes, los vendedores informales su principal clientela y en algunos casos, los visitan en sus negocios y prácticamente actos de intimi­dación y amenazas los obligan a solicitar este tipo de préstamos.

 

ASALTOS Y CIERRE DE ‘CHANGARROS’ AL NEGARSE

“Me llegaron a visitar dos veces al puesto, ofreciéndome dinero inmediato a crédito y sin com­promiso, desde mil hasta 500 mil pesos, les dije que no me quería endeudar, pero seguían insistien­do, a los pocos días nos asalta­ron”.

“Luego volvieron a regresar y nos dijeron que era mejor que agarráramos el préstamo pa­ra que nos pasara nada, tuvimos que cerrar el local por miedo”, aseveró Martín ‘N’, quien tenía un puesto de carnitas en la villa Ocuiltzapotlán.