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los datos duros

Racismo e “identidad nacional”

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En diferentes ocasiones AMLO ha lamentado el racismo y la discriminación que persisten en nuestro tiempo.

Ayer, por ejemplo, recordó diferentes expresiones sobre el clasismo que inunda nuestro país. Y es que, lamentablemente, en los sectores más virulentamente conservadores todavía subsiste la discriminación.

Lamentablemente, la discriminación es una cancerígena herencia colonial y que no sólo está en el fuero interno de las clases sociales altas, sino también entre el mundillo intelectual. Que no se nos olvide, por ejemplo, que cuando Melchor Ocampo y Benito Juárez se encontraban exiliados en Cuba, Ocampo discriminó a Juárez por su origen indígena.

Pero este racismo, este clasismo, esta xenofobia no es de ahora. Desde hace mucho tiempo, un grupo de intelectuales mexicanos ha buscado construir una identidad nacional racista basada en modelos eurocéntricos. Desde la época virreinal y hasta hoy, podemos observar que en la mayoría de los estudios antropológicos los indígenas y los afrodescendientes han sido excluidos de la llamada “identidad nacional”.

En el siglo XIX, escritores como Lucas Alamán, José María Luis Mora o Lorenzo Zavala se pronunciaron contra el abolicionismo mexicano e incluso cerraron los ojos ante la existencia de la esclavitud en México.

En 1828, Zavala afirmó que “durante los trescientos años de la colonia las poblaciones indígenas y gentes de color fueron reducidas a subsistir de su trabajo diario, porque no tenían ningunas nociones de un estado mejor de vida”.

El conservador Lucas Alamán consideró que los pobladores de sangre africana en México “estaban sujetos a grandes defectos y vicios, pues con ánimos despiertos y cuerpos vigorosos, eran susceptibles de todo lo malo y todo lo bueno”. En la filosofía no son escasos los personajes que se han expresado miserablemente sobre el tema. Voltaire dijo que “los indios son perezosos, estúpidos, son hombres inferiores”. El griego Aristóteles, en su Política, apuntó sobre los pueblos bárbaros: “esclavos por naturaleza”, cuyo destino “no es otro que el de ser conquistados y esclavizados para que trabajen” y sirvan (a los griegos).

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