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QUIERE CONOCERTE II

La pandemia inminente, no es para dar por su lado al miedo; tampoco a fin de tratarla bajo cuerda. Es ya verdadera “Crónica de una muerte anunciada” que ahorca al mundo. Con el Covid 19, la memoria colectiva, a través de señores muy hechos en 1918, provoca recuerdos dentro del seno familiar; relacionándola con El Trancazo o Gripe Española, si bien hace un siglo adolecíamos de la información y asistencias actuales.

De esa memoria, pocas personas prestaron atención recientemente, para compartir, entre otros usos, llamadas preventivas que las hubo.

Personas como don Felipe Vinagre Cabrera, platicando, entre otros, con su hijo don Adalberto Vinagre Rodríguez, añoraba…

-Qué edad tenía su padre en 1918– pregunto a don Beto-

-Rayaba más de medio siglo –responde.

-En qué se ganaba la vida.

-En el oficio de la carpintería.

-Qué platicaba don Felipe con ustedes, sobre la peste de ese entonces.

-Si –afirma don Beto- platicaba…

-Dígame hasta donde recuerde- Y empieza:

-El año de 1918, contaba mi padre – recuerda don Beto- azotó una gran peste. Estábamos incomunicados. El barco arrimaba apenas una vez mensual. Eso de atracar en el Río Grijalva de Villahermosa era cosa más de una jornada. El Trancazo se mostraba con tos, diarrea, calentura. Fue tal la angustia, que las familias marcaban su casa: con un trapo morado, si había enfermos; un trapo negro, si había muerto o muertos o un trapo blanco hasta sobre el pital si no entraba la peste en casa. Todo era a pie, a caballo, en cayuco, y más intransitable por causa de lluvias torrenciales. Uno de los contados carpinteros del pueblo fue mi padre, don Felipe Vinagre Cabrera. No se daba abasto. Por las noches oíamos temerosos el golpeteo del mantillo, clavando cajas y cajas de cedro. Mi padre pudo salvarse, a Dios gracias, como no conocidos vecinos- sigue recordando don Beto.

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