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septiembre 21, 2021

Columnistas

¿Quién se espanta del espionaje?

Asombrarse por el software israelí para espiar personas, conocido como Pegasus, es como maravillarse del juego de canicas. Vieja práctica, aquí y en China.

Solo a los ingenuos espanta el espionaje en cualquier modalidad.

En la década de los 70´s y 80’s, ya era pan de todos los días. En la recién estrenada serie de Netflix sobre Manuel Buendía, Jorge Carrillo Olea, subsecretario de Gobernación de 1982 a 1988, admitió que el gobierno federal interceptaba todos los teléfonos que le encargaba la CIA.

“Éramos su maquila”, confiesa el ex funcionario quien explica cómo se registraban las conversaciones, con unas grabadoras de cinta que se activaban al momento que la persona espiada empezaba a hablar. Luego, unos “buenos mecanógrafos” transcribían la charla.

Así era en aquella época. Ni era un sofisticado software ni valía millones de dólares como Pegasus.

En Tabasco, la clase política y periodística recuerda al sexenio de Roberto Madrazo como el que puso de moda la intervención telefónica, sobre todo a partir de la aparición de líderes opositores como Andrés Manuel López Obrador.

Se atribuye al entonces subsecretario de Gobierno, de apellido Villegas, la operación de ese tipo de espionaje cuyos reportes se entregaban Madrazo a través de su secretaria particular, María Luisa Pequeño.

Durante el sexenio de Andrés Granier, también se practicó con singular entusiasmo, incluso se filtró una sospechosa conversación telefónica entre Gustavo Rosario, entonces Procurador de Justicia, y el hoy fallecido Alex Álvarez. Se presume que el audio fue grabado por un sofisticado equipo montado, supuestamente, en la Secretaría de Gobierno.

Arturo Núñez se preciaba de ser uno de los políticos mejor informados del país a través de sus orejas, lecciones aprendidas de su maestro Fernando Gutiérrez Barrios.

Alambrear teléfonos, poner colas y orejear políticos, empresarios, periodistas o líderes sociales forma parte de los “servicios de inteligencia” de cualquier gobierno. ¿Quién se espanta?

LA MORRALLA

Intocable, así dicen en el ayuntamiento de Centro, es Adolfo Ferrer en Obras Públicas. Que su hermano, el machuchón del Insabi, lo apadrina *** Agradezco los parabienes expresados por muchos amigos en ocasión de mi cumpleaños. Su cariño es alimento de vida.

tabascohoy.com

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