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Un perro policía custodia el cargamento incautado.

Seguridad

Querían pasar droga en un ropero

Caen en un puesto de revisión en Tanil, carretera 180 de Campeche a Mérida. Estaban de asueto.

Mérida, Yucatán.- En el puesto de control montado cerca de Tanil, los oficiales miran sus relojes de pulso y aprietan la boca en una mueca de impaciencia.

Es sábado 20 de febrero y los automóviles que pasan por la carretera federal 180, de Campeche a Mérida, cruzan sin novedad.

Uno de los agentes es el encargado de dar la señal de seguir o apearse para revisión. No hay un protocolo en el caso de los automóviles, la mayoría lleva familias y no son revisados.

Los camiones grandes, que transportan en sus cajas refrigeradas, alimento, por lo general reciben una inspección, antes de seguir su rumbo.

Detrás de una unidad con caja refrigerante viene una camioneta cargada con lo que se alcanza a ver un viejo ropero y cajas perfectamente embaladas, parece una modesta mudanza familiar. Dentro de la cabina vienen tres hombres de aspecto joven, y atrás, en la redila otro muchacho también lozano.

El agente duda entre detener el Thermo King y dejar pasar la camioneta de mudanza, un compañero que tiene adivina el dilema y le palma el hombro: «Compañero, yo me encargo del primero, tú revisa la mudanza».

El agente hace señas de que se aparten del carril y se detengan en el punto de revisión. El Thermo King, después de cinco minutos, deja el arcén y se enfila a su destino. Los jóvenes de la mudanza quedan detenidos.

REPLETOS ROPERO DE MARIGUANA

Cuando el agente preguntó a los tripulantes del interior hacia dónde se dirigían, uno de ellos respondió «a Mérida». Les faltaban aproximadamente 30 minutos para llegar. «Ese ropero debe ser algún pariente querido como para que ustedes lo anden jalando», dijo el agente. «Así, es», respondieron nerviosos adentro. «Bájense, vamos a echarle un ojo a las chalinas de la abuela», les dijo en broma.

Los tres hombres jóvenes bajaron con desgana. El que iba en la batea asomó su cara y alzó las cejas. «¿Y ahora», preguntó a sus compañeros. «Van a revisar el camión, abre», le ordenaron.

Con una llave vieja que uno de los jóvenes de la mudanza sacó del bolsillo, se abrieron las dos puertas del viejo ropero. Dentro estaba repleto de bolsas con hierba de la buena. «¿Y esto? —preguntó el agente—. ¿También es de la abuela? Quedan detenidos», sentenció el agente.

Uno de ellos, para defenderse, espetó: «Compañero, somos de la Guardia Nacional…», pero dejó en el aire lo que iba a decir.

NO MINTIERON ERAN DE LA GUARDIA

De acuerdo a investigación de campo de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, los detenidos no mintieron: pertenecían a la Guardia Nacional a la hora de ser capturados in fraganti.

En uno de sus bolsillos, las «mulas» traían un documento firmado por el general de brigadier Inocente Prado López, con fecha 18 de febrero, y datado en El Sabino, Chiapas, se les menciona como elementos activos de la Guardia Nacional.

Julio César Ramón Morales era cabo y provenía del 7º. Batallón de Operaciones Especiales; Didier Wong Páez, era capitán, y venía del 27º. Batallón de la Policía Especial; Daniel Alfaro Reyes era segundo sargento, y Ricardo Valdivia Gómez, cabo, de la misma corporación.  Los detenidos y la carga quedaron a disposición de la Fiscalía General del Estado de Yucatán.

 

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