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La señora fue masacrada a golpes por su esposo.

Seguridad

Preparó la Nochebuena y recibió una golpiza

Nathaly del Carmen «N» denunció a su esposo, el agente de policía Fernando Enrique «E», pero en la Comandancia en vez de detenerlo, lo premian.

HECELCHAKAN, CAMPECHE.- Mientras el dueño de la cuartería y su mujer partían el pavo para empezar la cena de Noche Buena, Nathaly del Carmen «N», que ren­taba uno de esos cuartos, esperaba sentada a la mesa a que llegara su esposo, el agente de policía inta­chable Fernando Enrique «E», quien había sido asignado ese 24 de diciembre a la Villa de Pomuch, más o menos a quince minutos de la cabecera municipal.

Doña Nathaly, como la cono­cían en el vecindario y en su traba­jo, había preparado una riquísima cena de Navidad. No obstante que el virus seguía matando gente, en ese momento se sentía contenta de estar viva y poder alcanzar el fin de año.

Apenas llegó su compañero, aún vestido con el uniforme de po­licía, empezaron a cenar y brindar por los más sólidos motivos hasta que no encontraron más palabras para tintinear sus vasos.

AGENTE DE POLICÍA CELOSO Y GOLPEADOR

A esos de las dos de la madrugaba, el agente de policía Fernando, in­fluenciado por el alcohol que ha­bía ingerido, comenzó a reclamar a su compañera Nathaly su arre­glo personal. Aunque la mujer se había maquillado y vestido para su compañero, éste la cuestionó, acusándola de dedicar más tiem­po a otra gente que a su persona.

Escobar pasó del burlarse el arreglo de su mujer, a las amista­des y de ahí al trabajo de aquella que le robaba tiempo para estar en la casa, y acabar reclamando ver el celular de su pareja. «¿A quiénes escribes tanto?», le recla­maba.

Doña Nathaly ya conocía esos arranques infundados de celos de su marido, esa costumbre de lanzar reclamos infundados y ofenderla, pero esta vez el agente de policía «ejemplar» rebasó los límites de lo esperado, de lo que hasta ese momento le permitía su compañera.

Tomó a Nathaly del cuello y comenzó a ahorcarla. La mujer se fue hacia atrás y su marido pasó a golpearla con sus puños gruesos y pesados en los pómulos, en las mejillas, en la frente, en la nariz y en los ojos. «Te voy a matar, te voy a quitar lo p…», gritaba el unifor­mado enloquecido.

La mujer creyó que era su fin y sólo pensó en el futuro que le esperaba a su pequeña hija, que yacía dormidita en la hamaca, ajena a esta Noche Buena triste y trágica.

«Te voy a desfigurar el rostro para que nadie más te mire y sólo seas mía», fueron las palabras que oía la mujer cada vez más incons­ciente por los golpes.

LO PROTEGEN SUS SUPERIORES

Como por un milagro de Noche Buena, el energúmeno golpeador se quedó dormido y doña Nathaly se quitó el cuerpo encima de su marido, con el dolor en el cuerpo y la cara hinchada, tomó a su bebita de la hamaca y salió pidiendo ayu­da a su casero.

El buen hombre que le rentaba celebraba aún la Navidad con su familia, y no dudó en abrir la puer­ta para proteger a la mujer con su hija al verla con el rostro desfigu­rado.

Por la mañana fueron a dejar­la a casa de donde vivía la madre de Nathaly, quien al verla llamó a la policía. Por las graves heridas, los agentes la llevaron a una valo­ración médica antes de que ellas mismas interpusieran una de­manda en la comandancia.

Al volver a la casa de su madre, Nathaly no lo podía creer, su ma­rido estaba en la puerta y afirmaba que las lesiones que presentaba se las había hecho ella misma.

«¡Lárgate! —le espetó—. No te quiero volver a ver», y le cerró las puertas en las narices.

El agente de policía Fernando Enrique «E» no fue detenido, sino que se le otorgaron días de des­canso por su desempeño ejemplar en la institución. «Su jefe directo lo único que me dijo fue que no puedo detenerlo porque estaba en día franco y no de servicio. Le pido a Dios y a la justicia que se encar­guen de él, porque esto que me paso no se lo deseo a nadie».

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