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Porfirio, el irascible…

LA VIDA LE HA DADO TODO..MENOS LA SILLA

“EL GLADIADOR…” Porfirio quiere jubilarse de la política con una aportación que lo ponga en la historia, pero su personalidad impone más miedo que confianza.

 

Como anécdota dominguera, le co­mento que Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo (caprichos de la vida), cursaron juntos el preescolar, en el Kinder “Brígida Alfaro“, en la colonia Roma, en la CDMX.

Su relación, sin embargo, no data de sus tiempos de pantalón corto, pero sí es el eslabón fundamental de una lar­ga cadena de coincidencias, que no de casualidades, lo que los unió años más tarde.

Otro dato que seguramente le inte­resará:

Corrían las postrimerías de los años 80s. La “cosa” ardía en la gran Ciudad y en el “pantano” tropical. Escindida del PRI, su ala más radical y “pensante” funda el Frente Democrático Nacional, y en uno de esos días de “proselitismo” incipiente, previo a los meses de cam­paña, Cuauhtémoc Cárdenas y Por­firio Muñoz Ledo, cabezas del mo­vimiento, se enteran que en Tabasco, un “joven” de “cabello e ideas largas” había “reventado” al PRI y su liderazgo iba en crecimiento.

Fue Porfirio Muñoz Ledo quien “fichó” al joven López Obrador para ser candidato a gobernador por el FDN. Sus afinidades con la historia y la poesía de Carlos Pellicer, “hermanó” lazos de afecto. A partir de entonces surgió una relación de perspicacia y sobrevivencia política.

En ese tiempo, Muñoz Ledo era para Cárdenas, lo que Manuel Bart­lett, secretario de Gobernación, fue para Miguel de la Madrid. De tal suerte que, esa añeja “rivalidad” que raya en el “odio” personal entre estos personajes, está presente en esta etapa política.

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En fin, Porfirio es el peor enemigo de Porfirio, dicen los que le conocen, pues más allá de sus ideales, su carác­ter irascible lo ciega y no hay más razón que la suya.

De una mente prodigiosa cual nin­guno, Porfirio es más que una leyen­da, un gladiador. Tan brillante como peligroso, tanto para los que le rodean como los que le acompañan en la lucha y coinciden en sus ideales.

Ese es el ‘punto de quiebre’ de su re­lación actual con la 4T y un Presidente (AMLO) que le profesa amistad, res­peto y sin duda admiración, pero con una “reserva pícara” de desconfianza.

Sus formas, que son carácter y for­mación, no amedrentan sin embargo a AMLO.

Cuando conoces a Porfirio -dice Efigenia Martínez, su mejor amiga y cómplice- te das cuenta que atrás de ese político irascible, hay un ser huma­no de enorme sensibilidad.

“A algunos inspira miedo, a otros respeto, pero coinciden en que es ga­rantía honestidad y patriotismo”.

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Pareciera que Porfirio Muñoz Ledo tiene el afán de sintetizar su bio­grafía con la narrativa de el “sistema”.

De piel “sáurica”, Porfirio ha sido testigo-actor del movimiento del “pén­dulo” político que ha puesto al PAN-PRI-MORENA en Palacio Nacional; y más allá. Alguien me dijo -y dijo bien- que de ganar la Presidencia nacional de MORENA, Muñoz Ledo habría dirigi­do “al mismo partido”, en sus diversas mutaciones históricas: PRI-PRD-MO­RENA.

Antier se “declaró” ganador, a pesar que la encuesta del INE dio empate téc­nico” con el diputado Mario Delgado y en el paroxismo de “los viejos tiempos” tomará posesión -¿legítima?-.

NOS LEEREMOS EN OTRO PUR­GATORIO, SI DIOS QUIERE.

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