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Por una felicidad verificable

Al final del túnel estará el futuro. Tenemos la oportunidad inesperada de diseñar y construir desde ahora el orden nacional y el mundial en la parte que nos corresponde. La “nueva normalidad” es una expresión retardataria que carece de alas. Supone olvidar la tragedia y reciclar el pasado. La realidad heredada ha quedado crudamente expuesta hasta su profunda entraña, como en una tomografía. Debemos abolir ahora las ambigüedades políticas y los cálculos mezquinos. Es tiempo de creatividad y prospectiva, que no de rumiar rencores y cobrar agravios. Lo que polariza, paraliza.

Mi generación va de salida. Ya sólo nos rigen la responsabilidad y el desinterés. Hemos sido maestros, pero no preceptores incomodos. Fundamos una corriente progresista cuya fuerza democratizadora conmovió y cambio al país. Tras una penosa marcha de cuarenta años ancló sus ideales en un gobierno mayoritario y popular. Las izquierdas agrupadas levantamos barreras de contención contra el asedio de las doctrinas neoliberales que recorrían el planeta. Las combatimos a golpe de ideas, debates, concentraciones sociales y programas puntuales de transformación. Buscamos afanosamente una inserción digna e inteligente de México en la globalidad.

En la ausencia de “verdades objetivas”, la arenga política se deslava por la erosión de las ideas abstractas. El concepto de “felicidad” como sustento de una obra de gobierno sólo se afinca en la creencia mágica de un líder todo poderoso. El humanismo introdujo la idea de la “voluptuosidad”, los empiristas la calificaron como “el más grande placer del que seamos capaces” y Kant la ubicó como “el reino de la gracia” que es imposible ya que las necesidades del hombre “nos se detienen nunca en la quietud de la satisfacción”. Para los románticos la felicidad florecía en el dolor, para los masoquistas en la autodestrucción y para los nazis en la supremacía racial. El “análisis del ser del mexicano” condujo a una multiculturalidad inextricable cuyo común denominador es la zozobra o inestabilidad existencial. La felicidad es todo o es nada.

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