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Pide Vaticano reducir o perdonar deudas de los países más pobres

Un diplomático del Vaticano dijo que las consecuencias de la crisis van mucho “más allá del ámbito financiero, extendiéndose a las esferas económica, social y cultural”.

El monseñor Iván Jurkovic, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, hizo un llamado a reducir o incluso condonar la deuda de los países más pobres, devastados por el impacto de la crisis del coronavirus.

“La actual crisis del Covid-19 afectará más gravemente a la vida y los medios de subsistencia de los habitantes del mundo en desarrollo”, dijo el diplomático del Vaticano, por ello “una vía a través de la cual este impacto potencialmente devastador podría suavizarse, y salvar vidas en lugar de perderlas, es haciendo frente a la agobiante carga de la deuda externa acumulada, tanto a nivel público como privado, en los países en desarrollo en los últimos años”.

Jurkovic hizo esa propuesta el pasado 2 de julio, en un discurso que ha sido publicado por Vatican News.

También señaló la importancia de una acción coordinada de la comunidad internacional para proporcionar un alivio de la deuda a los países afectados por la crisis. Recordó la iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) y la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM) del pasado reciente, que demuestra que “la comunidad internacional puede actuar con decisión”, cuando es necesario.

El arzobispo Jurkovic expresó preocupación por la asignación económica cada vez menor al sector de la salud, y por el abuso y la depredación del medio ambiente natural del que depende, en última instancia, no sólo la vida económica, sino toda la vida humana.

Así, observó que las consecuencias de la crisis van mucho “más allá del ámbito financiero, extendiéndose a las esferas económica, social y cultural”.

Por estas razones, invitó a la comunidad internacional a no permitir que el sistema financiero siga siendo una “fuente de inestabilidad económica mundial” y remarcó que “debe adoptar urgentemente medidas para evitar el estallido de otras crisis financieras en el futuro”.

El Observador Permanente de la Santa Sede concluyó que este no es “el tiempo de la indiferencia” y que “estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”.

 

Con información de      Aristegui Noticias