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Pescador se salva de ser devorado por un lagarto en Tenosique

David «N» recibió mordeduras del animal en su rodilla, glúteos y manos. Lo salva otro pescador que estaba cerca de la laguna en Boca del Cerro.

Uno de los parientes de David contó que por la crecida del Usumacinta, los cuerpos lagunares se llenan de lagartos, y que en otras lagunas se ha detectado la presencia de estos animales.

TENOSIQUE, TABASCO.- David «N» se acercó a la laguna natural que estaba más cerca de Boca del Cerro para tender —como regular­mente lo hacía— el paño con el fin de llevar la comida para los suyos. Nunca imaginó que este martes 29 de septiembre las cosas se saldrían de su cauce y pondrían en riesgo su vida.

Estaba empezando a clarear y fue colocando con su mano dere­cha las estacas en el cuerpo de agua mientras que con la izquierda ex­tendía la red.

Aunque estaba nublado, co­menzaba a sudar y a empapar la camiseta gris que se había pues­to. Su short era de material im­permeable.

El agua se enturbiaba cada que él se movía para clavar otra estaca, pero de ninguna manera se mostró desconfiado.

No era la primera vez que se metía a esta laguna, y además de ser cercana, dejaba pegados mu­chos pescados a la red. Sólo era cosa de guardar silencio y esperar en la orilla.

Cuando estaba clavando el últi­mo palo para sujetar el paño, sintió un dolor tan grande en los chamo­rros que casi pierde el control y cae al fondo del agua.

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ATAQUE SORPESA

No había terminado de lanzar el grito más siniestro de que fue­ra capaz, cuando de nuevo sintió el dolor intenso a la altura de sus sentaderas.

El agua turbia no dejaba ver nada al fondo, pero David com­prendió que estaba siendo atacado por un lagarto. Dio un giro de 180 grados para enfrentar al animal cara a cara, pero sólo pudo meter las manos y esquivar la tercera an­danada del verdoso animal.

 

Los gritos de dolor llegaron a oídos de otro pescador, que había colocado su paño a lejana distancia del de David. Los aspavientos que hacía en el agua y la desesperación de David por volver a la orilla, dieron el cuadro completo a este otro hombre del agua.

Sin vacilar corrió a la orilla con un palo enorme y entró en el agua para jalar a David, que vacilaba en­tre resistir la embestida del lagarto o ceder, mientras daba de palazos al fondo de la laguna.

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El lagarto se retiró sin emer­ger nunca a la superficie. El hom­bre que había rescatado a David lo colocó de lado para revisar sus heridas, comprobado los hoyos profundos que había dejado en animal: dos en los glúteos; una enorme rajada que dejaba ver la carne viva del pescador en la es­pinilla; dos orificios profundos a la altura de la rodilla; y la mano con la que se defendió en la ter­cera embestida del animal, con un corte profundo en la parte frontal del menique.

David no dejaba de quejarse del dolor, como si todavía tuviera las mandíbulas del lagarto en las par­tes de su cuerpo.

 

El compañero que lo rescató habló pronto al 911, y no tardaron en llegar los paramédicos de la Cruz Roja, que lo canalizaron para su atención médica en el hospital regional de Tenosique.

Uno de los parientes de David contó que por la crecida del Usu­macinta, los cuerpos lagunares se llenan de lagartos, y que en otras lagunas se ha detectado la presen­cia de estos animales. Esperando que las autoridades de Protec­ción Civil hagan algo para evi­tar estas desgracias.

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