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Perdió su pierna pero tiene firmes sus esperanzas de vivir

Además del dolor de haber enfrentado la inundación, don Roberto aún no supera el desconsuelo de haber perdido la extremidad derecha.

CENTRO, TABASCO.- Apenas consiguió una silla de ruedas y poco a poco se está acostumbrando a ella, a lo que no puede habituarse es a no tener su pierna derecha.

Don Roberto Cruz, habitante de la ranchería Miguel Hidalgo, una zona vulnerable al sureste de la capital tabasqueña, no sólo sufrió daños en sus pertenencias con las inundaciones, perdió algo cuyo valor es incalculable: su libertad para poder moverse sobre sus dos pies.

Con una mirada triste, que refleja su enorme dolor, recuerda que cuando el río que está atrás de su vivienda, el Viejo Mezcalapa, aumentó su nivel, su pequeña casa se llenó de agua; intentaba con afán levantar algunas de sus pertenencias cuando de pronto se cayó y se lastimó.

“El agua entró como a 40 centímetros, la herida se me infectó y de ahí me internaron, me dijeron los doctores que no había otra opción que cortar la pierna”.

Indica que hasta antes que le amputaran la extremidad derecha trabajaba en la albañilería, ahora sobrevive de la ayuda de sus hijas.

PIDE QUE LO CENSEN

“Yo le pido a las autoridades y a los que andan censando que me ayuden con algo porque yo necesito el apoyo, ahora no puedo trabajar y así nadie me querrá dar trabajo”.

Además del dolor que le provoca haber enfrentado una nueva inundación, don Roberto no supera el desconsuelo de haber perdido la extremidad derecha; asegura que después de la cirugía su vida cambió totalmente.

“Si ha cambiado bastante, porque de aquí me regreso a mi cama y ya no puedo salir, dependo de otras personas, para que me lleven al hospital es un martirio para mí y mi familia”.

“Lo que quisiera es que me ayudaran; perdí mi pierna, pero no pierdo la esperanza en que me tiendan la mano con el vale del censo y con unas muletas”, ruega don Roberto.

Asegura que sólo necesita un poco de ayuda, pues sabe que cuando logre adaptarse a su nueva vida, podrá volver a trabajar en la albañilería, como lo ha hecho desde hace más de 20 años. “Agradezco a mis vecinos, a algunos amigos que me han brindado su apoyo con alimentos”, afirma.

LO AYUDAN SUS HIJAS

Reconoce la gran ayuda que recibe de sus hijas, pero ellas tienen sus responsabilidades y hay ocasiones que se queda solo, por ello insiste a las autoridades del gobierno, del DIF, que se pongan la mano en el corazón y que atiendan su caso.

Don Roberto afirma que afortunadamente no perdió su vivienda, pero sí algunas pertenencias. Hoy, postrado en una silla de ruedas, sólo ruega por ayuda, por alimentos, mientras que se mejora su saluda para que pueda salir a buscar algún trabajo.

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