Síguenos

¿Qué estás buscando?

Con escasos productos y escasa clientela, apenas sobreviven en la Central de Abastos.

Centro

Perdió cosechas y muebles, pero no su vocación de servir

La inundación arrasó 10 hectáreas de cultivos de calabazas; hoy tiene que buscar productos en otros estados para vender en la Central de Abastos.

“Dios aprieta, pero no ahorca”, es el dicho de don Ricardo Za­morano Hernández, quien con­tinúa con el legado de su padre en el local número 7 de la Cen­tral de Abastos de Villahermosa.

Pese al duro golpe asestado por la pandemia del Covid-19 a este tipo de comercios esta­blecidos y las pérdidas en sus cosechas por las pasadas inun­daciones, continúa exhibiendo sus productos, aun con la baja afluencia de personas.

Acompañado de su hermano Maximino, quien estiva las cala­bazas y los chayotes en la mesa de su local, don Ricardo saca las cuentas de las ventas del día, suma, multiplica una y otra vez, pero el resultado no es el que es­peraba.

Aún no recupera la inversión, pues ahora tiene que recurrir a algunas zonas de Chiapas y has­ta a Mérida para buscar las hojas de plátano y chipilín, pues en Ta­basco todo esto se perdió.

“Cuando fuimos a Teapa por las hojas, ya nada de eso exis­tía, todo lo destruyó el agua, así como otros productos que son locales, como el chipilín, por eso tenemos que salir a buscarlo a otros estados, lo que implica más gastos y también el alza de pre­cios de los productos”, señala

En ‘El Puebla’, nombre con el cual fue bautizado su esta­blecimiento en memoria de su padre, que fuera el que inició la venta de verduras en la Central de Abastos, las pérdidas son de­vastadoras.

Afirma que un 40 por ciento de los productos que se expen­den terminan en la merma; el bajo flujo de personas, la falta de aperturas de algunos restauran­tes, tiene en la lona a la familia Zamorano Hernández.

Pero la crisis va más allá de las frutas y verduras que pier­den, cultivos en Nacajuca, Jalpa de Méndez, en La Isla, fueron inundados, por lo que don Ricar­do explica que de la variedad que tenía, que eran en total 45 espe­cies, ahora sólo 23 son las que ofrece en su mostrador.

“Es como dicen: en un nego­cio a veces se gana y a veces se pierde, esto no siempre va ser ganancias, pero te sorprendes cuando te das cuenta lo que pier­des, sobre todo cuando las ven­tas bajan, no sabes qué hacer; con la inundación se nos per­dieron 10 hectáreas de calabaza criolla ” dijo.

Don Ricardo afirma que las ventas, en comparación con el año pasado ya habían repunta­do en vísperas de las fiestas gua­dalupanas, pero hoy no se han podido recuperar, pero esperan que que la primera quincena de diciembre las cosas cambien.

 TAMBIÉN SU CASA

Explica que no solo perdió la cosecha, también su casa fue afectada por la inundación en el fraccionamiento La Venta, en el kilómetro 16 de la carretera a Teapa. Perdió parte de sus enseres, no le dio tiempo de rescatar sus pertenencias pues intentaba mantener a flote su negocio.

“Solo vivo con mi esposa y una tía, la mayoría de los mue­bles eran pesados y no nos dio tiempo de levantar nada, el agua subió poco más de 40 centíme­tros y acabó con mi refrigerador, mi estufa, mi cama, casi todo, pero aquí estamos, tenemos que avanzar”.

Te puede interesar

Advertisement