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Rogelio Hernández Velázquez

“Pensé en el suicidio por el terrible dolor”

Los dolores de cabeza fueron tan intensos que incluso, en dos ocasiones llegó a pensar en quitarse la vida tras ser contagiado por el Covid-19

Rogelio Hernández Velázquez, vive en la alcaldía de Iztacalaco, es co­merciante de frutas y tiene su local en el mercado de la Merced, pero se surte en la Central de Abastos.

Los dos lugares están considera­dos como dos focos de alto riesgo de contagio por Covid-19.

Rogelio Hernández siguió todos los protocolos de higiene. Cuando supo de la fase 3 del Semáforo Rojo, por sí mismo había planeado des­cansar unos días, aislarse volunta­riamente mientras pasaba lo más crítico, pero el virus llegó antes.

Durante una charla con Grupo Cantón, Rogelio, relató que fueron tan intensos los dolores de cabeza que sintió que dos veces pensó en el suicidio.

 

-¿ Cuándo se contagió?

Los síntomas los empecé a sentir el 30 de abril. Dolor de cabeza y tem­peratura. Al sentir estos síntomas 30 al medio día, en la tarde-noche fui al doctor, porque iba intensificándose el dolor.

El doctor no me diagnosticó nada, y solo me recetó taylex de 700 gramos que me aminoró el dolor de cabeza y la fiebre, pero una vez que pasaba el efecto de la medicina, vol­vían los dolores.

En la medida en que pasaban los días el efecto de las pastillas era menor porque antes me las tomaba cada ocho horas y después tuvo que ser cada seis, pero aún así, ya no me hacían efecto, regresándome la fie­bre y sudoración en la noche a tal grado que hasta se mojaban las sa­banas.

Comenzó la diarrea y viendo que mi salud empeoraba de inmediato me puse en contacto con el doctor, quien vía telefónica me dijo que ha­bía sospecha de que era portador del Covid-19, por lo que me dio una rece­ta para realizarme la prueba .

Inmediatamente hablé a la Se­cretaría de Salud de la CDMX, para llenar el test y me realizaran el aná­lisis para ver si era portador o no del Covid.

Mientras eso pasaba, aunque no perdí el apetito ni me dolía la gargan­ta al querer pasar los alimentos, me costaba trabajo tragármelos, por lo que tuve utilizar hasta agua.

 

– ¿Qué pasó en los días si­guientes?

Me mandaron a realizar la prueba, porque a mis 54 años de edad y con 5 años con diabe­tes, dos médicos; uno particular y uno del gobierno, me dijeron que existía alta probabilidad de que era portador del virus.

Todo eso me llevó hasta bus­car una reservación en un hos­pital, por si mi salud empeoraba y ninguno particular estaba des­ocupado.

Mientras esperaba los resul­tados, comencé a sentirme lige­ramente bien, pero después el virus se comportó agresivamen­te lo que me proviocó pánico y hasta crisis nerviosa.

Tuve la visita del gobierno de la CDMX que me trajeron un kit médico que traía: dos cajas de taylex, 28 cubrebocas, una bote­llita de gel y una tarjeta para com­prar medicamentos, dos pares de guantes latex y otras cosas más. También le dieron a mi familia una despensa “algo generosa para ser una despensa”.

Sin embargo, cada vez me sen­tía más mal, porque los dolores eran intensos en toda la cabeza, frente ojos. Empecé a imaginar que me ponían la cabeza en un banco de carnicero y me cortaban la cabeza y ahí comencé incluso a pensar en suicidio por el terrible dolor.

Como mi mal empeoraba, hasta me apresuré hablar con el notario para poner en orden mis cosa, y al verme así, él me reco­mendó con un doctor que vive en Estados Unidos y ellos, vía re­mota asesoraban a mi esposa de como iba a atenderme.

 

-¿ Qué medicinas le recetaron?

Me recetaron que tomara la aspi­rina protect, zink, pero antes ya te­nía otros medicamentos, por lo que opté por no ingerirlos.

Los médicos me recomendaron mantenerme activo, y evitar estar estático lo menos posible.

Sin embargo, llegó el momento en que entré en crisis por los inten­sos dolores que sentía, y pensaba en suicidarme lanzándome al vacío desde la azotea de la casa, tenía tem­peratura de 40 grados y eso me hacía delirar.

Antes, los doctores me pidieron conseguir un tanque de oxígeno, por si en algún momento lo llegaba a re­querir.

Como el medicamento ya no ha­cia efecto, los médicos me pidieron bañarme con agua tibia y colocarme calcetines con arroz, previamente enfriados en el congelador, en la frente y cerebro, y eso me aminora­ba un poquito el dolor y la tempera­tura. Los dolores se intensificaban en la madrugada, porque también ya empezaba a tener problemas para respirar.

 

-¿Qué le decían los doctores?

De la parte oficial y particular, me preguntaban cómo estaban las uñas de los pies y manos, porque si se ponían moradas era muy peligro­so. No llegue tanto a eso.

Al paso de los días, mi esposa me registró una temperatura de 40.3 y pensaba que hasta ahí había llegado, pero después poco a poco empecé a ir mejorando aunque me seguía do­liendo todo mi cuerpo. .

Cuando lo peor había pasado, llegaron los resultados donde con­firmaban que era portador del Co­vid-19.

El día 13 de mayo ya se habían cumplido los 14 días de lo que se conoce como incubación y colo­nización del virus. Entonces la Se­cretaria de Salud me recomendó aislarme 7 días más, para detectar posibles secuelas.

 

-¿Dónde sospecha que pescó el Covid-19?

Todos los días iba a la Central de Abasto porque me dedico a la venta de frutas en el mercado de la Mer­ced. me informé que del 5 al 11 de mayo iba a registrarse el pico mayor de contagio y pensé aislarme volun­tariamente pero antes me contagié.