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los datos duros

Peniley y el periodismo como mercancía

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LA FILTRACIÓN DE LA REPORTERA SÓLO TIENE DOS PROPÓSITOS EVIDENTES: ENTORPECER EL CASO O LAVAR LA CARA A LOS FUNCIONARIOS.

Este fin de semana una columnista llamada Peniley Ramírez publicó en su cuenta de Twitter y en su columna del periódico Reforma un texto llamado “Ayotzinapa el encubrimiento”.

Esta reportera de origen cubano dijo, sin empacho, que la información era una filtración de la FGR sobre el caso de los 43 jóvenes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa que fueron asesinados en 2014.

Peniley, que de inmediato fue comparada burdamente por los conservadores con el periodista y programados Julian Assange, no parece haber pensado que una filtración, de la fiscalía que sea, sólo tiene dos propósitos evidentes: entorpecer el caso o lavar la cara a los funcionarios.

La columnista, como era de esperar, no dijo quién filtró esa información. Allá ella y su mala cabeza. Pero lo que sí sabemos, aunque no lo diga, es que Peniley, sin sentir ningún tipo de empatía con los padres y madres de las víctimas que llevan sexenios pidiendo justicia, decidió prestarse a publicar información que hiere a los deudos.

Pedirle empatía con las familias de los 43 estudiantes asesinados sería demasiado. Peniley jamás ha pertenecido a la clase de reporteros que practican el periodismo social. A ella siempre le ha interesado, como a Jorge Ramos o Loret de Mola, que sus publicaciones alcancen una buena cuota de audiencia.

Y no sólo eso. A Peniley, como a otros opinólogos, por alguna razón que parece política, le importa muchísimo apoyar la indefendible “verdad histórica”. Vaya manera de denigrar el periodismo. Y todo por responder a intereses lóbregos y, a todas luces, mezquinos.

Una cosa más: Peniley no es Assange. Ni lo será nunca. El periodista australiano dio a conocer los crímenes cometidos por Washington. A Peniley le filtraron el informe Ayotzinapa sin testar y, sin reflexionar que hiere a las víctimas, detiene la marcha de la justicia y sirve a intereses perversos, decidió publicarlo. Assange es un icono del periodismo, ella una mercenaria de la pluma.

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