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(Foto: Agencia)

México

Pendían de un hilo SUS VIDAS; detienen a presuntos sicarios que descuartizaron a comerciantes

Siete posibles secuestradores tenían privada de su libertad a dos personas en una casa de seguridad en la Súper Manzana 321.

CANCÚN, QUINTANA ROO.- Un habitante de la Súper Man­zana 321 escuchó lo que pare­cían gritos desesperantes de auxilio. Últimamente por todo el Polígono Sur ocurrían casos de secuestro. Las casa se habían convertido en fortalezas por lo mismo. Autos sin placas entra­ban y salían con personas des­conocidas.

Además había leído en los diarios y visto en las noticias locales como un comando ar­mado de cuatro sacó de su casa a un par de hermanos comer­ciantes y luego aparecerían descuartizados.

El hombre apagó el televi­sor y desconectó el refri. Paró más la oreja hasta pegarla en la pared. Sí, muy débilmente oyó unos gritos humanos de auxilio. No lo pensó dos veces, levantó el auricular y marcó el número de la policía que su hija amablemente le había escrito en una hoja pegada al refri con un imán.

El hombre no había visto que minutos antes se había detenido apresuradamente un auto sedán blanco a metros de su casa, tampoco vio que cuatro fortachones bajaron del carrito casi escoltando a una persona, con el rostro cubierto. Ésta no dejaba de pedir auxilio, pero en cada expresión recibía más gol­pes en las costillas.

Luego de hacer la denuncia anónima, el hombre se apostó cerca de la pared, pero ya no oyó nada en la calle. Acababa de clarear un nuevo día, del mar­tes 22 de septiembre, en el mu­nicipio de Benito Juárez.

 

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LOS AGARRAN CON TODO

Confiados, los hombres se qui­taron los pasamontañas, los chalecos balísticos, las armas de alto poder, las pistolas, los cartuchos, los paquetes de dro­ga y sus celulares. Se conocían desde hacía tiempo porque es­taban en el mismo «negocio» y se sentían tan confiados que se llamaban por su nombre.

La víctima secuestrada la encerraron en uno de los cua­tros del fondo, alejados de la calle y cubiertos de cortinas ne­gras para no dejar entrar la luz.

Roberto «N» se fue a bañar, Juan «N» y Rainer «N» deci­dieron quedarse en el pasillo de la sala para custodiar a los secuestrados. Isauro «N» se puso a hojear el diario de la ma­ñana para ver si traían alguna noticia de lo que habían hecho la víspera. Mario se sentía tan cansado que se metió a unos de los otros cuartos, tan vacíos como los demás, y extendió una colchoneta para echarse un pestañazo.

Entre Juan y Rainer acor­daron salir cada cierto tiempo a dar una ronda por la cuadra para estar seguros de que nadie los había seguido.

Tenían otras casas de se­guridad, pero el amanecer les estaba ganando y tuvieron que elegir esta que estaba algo ro­deada de vecinos.

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Cuando estaban los dos centine­las cabeceando en la sala, agentes de la Fiscalía Antisecuestros entra­ron como hormigas por la sala y se desparramaron por los otros cuar­tos, encañonando sus armas contra los criminales que iban encontran­do. Sus caras de asombro eran las mismas que habían tenido sus víc­timas, sólo que a estos plagiarios los presentarían ante la fiscalía.

Al fondo, los agentes encon­traron en cuartos distintos y a oscuras a dos personas con los ojos vendados y atadas de pies y manos. «Fiscalía Especial Antise­cuestros. Están a salvo», dijo el co­mandante a cargo del operativo.

La banda criminal responderá por los delitos de portación ilegal de armas de fuego, posesión de droga y privación de la libertad. Probablemente sean los respon­sables del crimen contra los her­manos desmembrados.

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