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Pellicer, tabasqueño universal

Bajo un mismo nombre existe la semblanza de muchos “Carlos” notables y esenciales en la historia del arte mexicano.

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NORMA L. DOMÍNGUEZ

 

El 16 de enero de 1897, el edén tabasqueño vio nacer a un artista extraordinario y uno de sus hijos predilectos. Nos referimos desde luego al maestro Carlos Pellicer Cámara, conocido en el mundo como el “Poeta de América”, que justo en este 2022 se cumplen 125 años de su natalicio.

Nació en San Juan Bautista (hoy Villahermosa), Tabasco. Realizó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. Fue secretario de José Vasconcelos, así como fundador del grupo Solidario del Movimiento Obrero, junto con José Clemente Orozco, Diego Rivera y Vicente Lombardo. Fue director del departamento de Bellas Artes, maestro de literatura y colaboró en las revistas “Ulises” y “Contemporáneos”.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1964 y desde 1953 fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Fue elegido, senador de la República en 1976 y al año siguiente murió en la Ciudad de México el 16 de febrero de 1977.

Por su gran aportación a la cultura nacional, y por considerarlo un mexicano excepcional, se decidió -un mes después de su fallecimiento-, que sus restos fueran trasladados a la Rotonda de los Hombres ilustres –hoy renombrada Rotonda de las Personas Ilustres- en el panteón de Dolores, en la Ciudad de México, por ello sus restos no reposan en su tierra natal.

Sus manos “llenas de color” y su estirpe de sol lo hicieron un personaje de leyenda, un poeta místico y sensual al mismo tiempo, un luchador social, un Quijote de la palabra y ante todo, un tabasqueño universal

Conmemorar el natalicio del más universal de los tabasqueños no se trata de un compromiso a ultranza con el calendario, sino un instante para recordar al hombre que llenó de luz y sensualidad a la poesía hispana.

Poeta, museógrafo, místico, humanista y político, todos esos títulos, todos esos “Carlos” se cobijaban bajo el nombre de Pellicer, figura esencial de la cultura mexicana del siglo XXl; padre de la palabra, hermano del color, hijo predilecto del sol y nieto de la historia.

 

EL MÍSTICO

Como pensador, Pellicer consideró que toda obra humana, por serlo, es social, y en su ideario político figuraba como posibilidad fecunda el propio socialismo. Como católico que era, no le asustaban las revoluciones, porque cuando son auténticas, decía tiene que ser fundamentalmente humanas. Es más, si el comunismo no predicara el ateísmo él habría sido comunista, admitió en alguna entrevista.

Pero era cristiano, que “es la única cosa profundamente importante que hay en la vida” decía. Cristiano, lector de la Biblia como ejercicio espiritual permanente, leía siempre y en voz alta El cantar de los cantares al acabar su cena de Navidad, además de su devoción por San Francisco de Asís y la instalación de sus famosos Nacimientos cada año.

 

EL PROMOTOR CULTURAL

Carlos Pellicer para quien la justicia social es, en alguna medida, manifestación de la cultura, fue un apasionado de la arqueología, pasión que lo convirtió en uno de los más notables museógrafos de México. Pocos saben que el creó el concepto de la Casa Museo de Frida Kahlo en Coyoacán. Desde luego su obra más famosa a nivel mundial es el parque Museo de la Venta, en Villahermosa; además de su labor en la creación del Museo Arqueológico de la Universidad de Sonora, el Museo de sitio de Palenque y varios más.

“Sí, el arte antiguo de México –decía-, ha sido uno de los elementos vitales de mi existencia. Creo que nunca seremos completamente mexicanos si no nos asomamos a este arte nuestro antiguo”. Y fue en esto en lo que se distinguió precisamente de su maestro Vasconcelos quien profesó el hispanismo; en cambio, Pellicer prefirió volverse hacia las culturas prehispánicas, nido donde encontró otra de sus grandes pasiones: el nacionalismo, al grado de convertir su casa de las Lomas de Chapultepec en la ciudad de México en una mezcla de museo y biblioteca, donde yacían por todas partes figurillas de barro que el poeta compraba –amén de su pasión prehispánica- para que no fueran a dar a otros museos o salieran del país.

 

EL POETA

El único compromiso de Carlos Pellicer fue la poesía, su imperio ilimitado. No abordó la prosa más que para escribir una biografía de Simón Bolívar para niños y un ensayo sobre el arte mexicano. Perteneció a la generación de Contemporáneos, nombre de la revista que congregó a escritores como Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Bernardo Ortiz de Montellano, José Gorostiza, Enrique González Rojo, Gilberto Owen, Octavio G. Barreda, Salvador Novo y Elías Nandino.

La generación de poetas a la que pertenece hizo suya la fórmula del arte por el arte y estableció una ruptura consciente con el Modernismo. Sin embargo, mientras sus compañeros dirigían su atención hacia la literatura europea, sobre todo la francesa, y también a la norteamericana, Pellicer encontró en la literatura de Hispanoamérica a sus maestros: Díaz Mirón, Lugones y Darío. No le interesaron las corrientes vanguardistas del viejo continente, como el cubismo, el surrealismo o el dadaísmo, que cautivaron a sus compañeros.

Octavio Paz diría de este tabasqueño ejemplar: “no es un solitario: en toda su poesía late un hermoso sentimiento de fraternidad con la naturaleza y sus criaturas”.

Su obra se caracteriza por la pasión hacia la naturaleza tabasqueña basada en las voces, alientos, colores y sensaciones, por eso es considerada monumental, quedando como un testimonio de voz innovadora y radiante, presente en el panorama nacional e internacional.

Defensor de la pureza del idioma, antianglicista, tropical insobornable –como el mismo se definió-, católico admirador de San Francisco de Asís, de Cuauhtémoc, Bolívar y Martí, Pellicer dijo que “la poesía es la poesía y nada más. Con juego o sin juego, pero con fuego”.

 

OBRAS:

  • 1921: Colores en el mar y otros poemas
  • 1924: Piedra de sacrificios
  • 1924: Seis, siete poemas
  • 1924: Oda de junio
  • 1927: Hora y 20
  • 1929: Camino
  • 1931: Cinco Poemas
  • 1933: Esquemas para una oda tropical
  • 1934: Estrofas al mar marino
  • 1937: Hora de junio (1929-1936)
  • 1940: Ara virginum
  • 1941: Recinto y otras imágenes
  • 1941: Hexágonos
  • 1946: Discurso por las flores
  • 1949: Subordinaciones
  • 1950: Sonetos
  • 1956: Práctica de vuelo
  • 1961: El trato con escritores
  • 1962: Material poético 1918-1961
  • 1962: Dos poemas
  • 1962: Con palabras y fuego
  • 1965: Teotihuacán y 13 de agosto: ruina de Tenochtitlán
  • 1966: Bolívar, ensayo de biografía popular
  • 1972: Noticias sobre Nezahualcóyotl y algunos sentimientos
  • 1976: Cuerdas, percusión y alientos

 

PÓSTUMAS

  • 1978: Reincidencias
  • 1978: Cosillas para el nacimiento
  • 1985: Cartas desde Italia
  • 1987: Cuaderno de viaje

 

CITA TEXTUAL

“Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin”.

Octavio Paz, poeta mexicano. Premio Nobel de Literatura en 1990.

 

 

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